¿Y ahora? La lluvia no solo volvía a darme miedo, si no que me
angustiaba. Demasiado. Angustiaba cada pequeño y gran hueco de mi ser. Cada
recoveco de él.
Ésta reflejaba de manera casi perfecta el estado de mi vulnerable alma.
Ya había pasado demasiado tiempo de aquel día, y lo recordaba como si todo hubiese pasado hacía medio minuto, incluso cada sensación o sentimiento que me había invadido el cuerpo en aquel entonces.
Ésta reflejaba de manera casi perfecta el estado de mi vulnerable alma.
Ya había pasado demasiado tiempo de aquel día, y lo recordaba como si todo hubiese pasado hacía medio minuto, incluso cada sensación o sentimiento que me había invadido el cuerpo en aquel entonces.
¿Dónde
había quedado esa promesa? ¿Dónde había quedado nuestro amor?
La
promesa en la nada, y nuestro amor quebrado, hecho añicos, escombros.
Con
mi espalda reposada sobre la pared, que intenta ser la cabecera de mi cama, mi
cabeza apoyada en la pared perpendicular a la anterior nombrada, abrazando mis
rodillas. Observando por la ventana las gotas de lluvia que chocaban contra el
suelo, así como mis lágrimas lo hacían contra el acolchado de mi cama.
Mi
corazón latía a ritmo nervioso, y mi cabeza era incapaz de parar, de dejar de
repasar esa horrible sucesión de hechos.
Estaba en la compu, Pedro se había ido
hacia tres días y ya lo extrañaba, demasiado, a pesar de que hablábamos todos
los días.
Facebook muchas veces puede servir de
enemigo, y uno no lo sabe hasta que lo vivencia.
¿Por qué mi amor? ¿Por qué?
No solo que él, MI amor, MI Pedro
estaba comiéndose a otra chica muy cómodo en el sillón del boliche, si no que
acababa de quedar como la cornuda más pelotuda de todas. Genial.
Mis ojos rápidamente se empaparon de
lágrimas, impidiendo que vea nítida la pantalla, y más precisamente las fotos.
Me había entregado a él, como nunca lo
hubiese hecho con nadie. Porque lo amaba, porque lo amo, porque siempre va a
ser así.
Pero siempre existió algo en mí que sabía que esto iba a pasar, a pesar del amor, era Bariloche. ¿Y quién no desbarranca en Bariloche?... Aunque eso no quitaba que me sintiera traicionada, o en realidad, sinceramente... Eso no quitaba que no me sintiera la pelotuda más grande del planeta.
- Amor...
- ¿Amor? ¿Amor me decís? ¿Vos me estás cargando nene?
- No Pau, no. ¿Podemos hablar tranquilos y en serio? Por favor.
- ¿Seguro que te la bancas? Porque la promesa no te la bancaste.
- ¿Podes dejar de ser tan hiriente?
- (Reí irónica) Como si vos no me hubieses lastimado. No me lo merecía. ¿Sabes? (Dije comenzando a llorar, como una nena) Me entregué a vos, a pesar de mis miedos, mis temores. ¡A pesar de todo! ¿Y vos me lo devolves así? Creía que eras distinto.
- Mi amor... Por favor. (Suplicó también llorando, pero a mí no me iba a mover ni media pestaña) Estaba re escabio, me habían dado una pastilla que no sé qué carajo me hacía, no era consciente de lo que hacía.
- Cuando decidiste escabiarte y tomar esa pastilla si lo estabas... Fue decisión tuya.
- Paula, yo te amo. (Suspiró y secó mis lágrimas, a lo cual me dejé, a pesar de todo quería guardarme su última caricia en el corazón)
- Yo también te amo Pedro, y eso es lo que más me duele. Todo el amor que siento, que sé que existe. Nuestra historia no se merecía este final. (Lo tomé por sus mejillas y deposité un beso, el último en sus labios, con mis ojos cerrados y sin dejar de llorar) Gracias por ser mi primer amor, por haberme enseñado a amar. Pero esto se terminó. (Lo solté y di media vuelta, para irme, pero él tomó mi mano, parándome, yo negué con mi cabeza e hice que me suelte. Por fin estaba corriendo en la dirección opuesta a él)
Y
hoy, un año después (e incluso más tiempo después) sigo sintiendo el mismo
dolor.
¡Quiero
olvidarte Pedro, tengo 18 años y hace un año que te lloro!
Los
dos meses siguientes a su viaje fueron los peores. Era horrible cruzar miradas
en el recreo, era una mirada que dolía. Que me hacía revolver todo lo que había
pasado, que me hacía recordar cada lágrima derramada, aquellas que no cesan
hasta hoy.
Supe
que se había ido a vivir a Capital, para estudiar y trabajar.
Yo terminaba la escuela. No éramos compatibles, porque hubiese sido imposible seguir así... (Yo y mi maldita costumbre de encontrarle un por qué a todo. Es inútil)
Yo terminaba la escuela. No éramos compatibles, porque hubiese sido imposible seguir así... (Yo y mi maldita costumbre de encontrarle un por qué a todo. Es inútil)
Me
sentía una nena y una mujer a la vez, sentía que era inútil sufrir por un amor
adolescente, un amor que había terminado, me sentía una tarada por no poder
abrirme a conocer otros chicos, pero todo eso me pasaba porque sabía, porque
sentía que no era un simple primer amor. A pesar de tener una tan corta edad,
estaba segura de que todo lo vivido con él no era algo así no más, no había
sido mi primer noviecito, claramente no.
Otra
vez recordando todo, repasando cada hecho, palabra, sentimiento y lágrima
derramada.
Otra vez extrañándolo, deseando poder unir mis labios a los suyos, o quedarme dormida en su pecho, con sus brazos rodeando mi cintura. Deseando poder mirarnos a los ojos y ser capaces de demostrarnos y decirnos todo simplemente con aquella mirada profunda y sincera. Deseando entrelazar mis dedos a los suyos y salir a caminar. Deseando que venga a buscarme a la salida de la escuela y nos escapemos a pasar la tarde juntos, no importaba donde, simplemente importaba que era juntos.
Otra vez extrañándolo, deseando poder unir mis labios a los suyos, o quedarme dormida en su pecho, con sus brazos rodeando mi cintura. Deseando poder mirarnos a los ojos y ser capaces de demostrarnos y decirnos todo simplemente con aquella mirada profunda y sincera. Deseando entrelazar mis dedos a los suyos y salir a caminar. Deseando que venga a buscarme a la salida de la escuela y nos escapemos a pasar la tarde juntos, no importaba donde, simplemente importaba que era juntos.
Imaginé que entraba a mi casa y corría por las escaleras, desesperado por venir a buscarme. Que nos reencontrábamos, que nos besábamos, nos abrazábamos como si no existiese un mañana, ni un minuto más. Imaginé que sentía mi cuerpo vibrar frente al suyo, al sentirme en sus brazos. Imaginé a mi corazón feliz, nervioso... Imaginé mis latidos a la par de los de él. Ambos nos encontrábamos en la misma situación. Imaginé que después de muchos besos, lágrimas, caricias... De muchos 'Perdón' y 'Te amo' Él me invitaba a pasar el resto de mi vida a su lado, y que yo aceptaba su propuesta con la felicidad desbordándome.
Imaginé que estábamos unidos, para sentirme un poco mejor, para tranquilizarme. Pero nunca dejo de ser eso, una imaginación, un anhelo. Una utopía.
- Pau...
- Pedro, por favor.
- A vos te pido por favor mi amor, necesito que me perdones. Te extraño, te necesito. No puedo sin vos... Necesito contarte algo, necesito que me des un abrazo.
- Pepe...
- Como amigos... Por favor.
Y sin que me dé lugar a que le responda tomó mi mano y me alejó del lugar, obligándome a que lo siga. Fuimos hasta la parte de atrás de la escuela, escapándonos de clase. Nos sentamos en un arco de futbol y yo dije:
- Pedro, por favor.
- A vos te pido por favor mi amor, necesito que me perdones. Te extraño, te necesito. No puedo sin vos... Necesito contarte algo, necesito que me des un abrazo.
- Pepe...
- Como amigos... Por favor.
Y sin que me dé lugar a que le responda tomó mi mano y me alejó del lugar, obligándome a que lo siga. Fuimos hasta la parte de atrás de la escuela, escapándonos de clase. Nos sentamos en un arco de futbol y yo dije:
- Vos traicionaste mi confianza, y eso
es muy difícil de remediar.
- (Suspiró) Te juro que no te traje acá porque sí, ni para endulzarte los oídos. Necesito contarte algo...
- Está bien, te escucho.
- Mi mamá... (Y noté que su voz se quebraba a la par que las lágrimas inundaban sus ojos)
- (Tomé su mano) ¿Qué pasa con tu mamá?
- Está... Está... Enferma. Y de verdad. (Dijo cerrando con fuerza sus ojos y dejando caer sus primeras lágrimas, yo no soporté y lo abracé, dejando todo mi orgullo de lado)
- Tranquilo Pepe. Va a estar bien.
- No Pau, no. Está mal en serio. (Lo abracé más fuerte y él escondió su cara en mi cuello) Tengo mucho miedo.
- Tranquilo, tenes que confiar en que va a estar todo bien. Tene fe... (Acaricié su espalda y besé sentidamente su mejilla)
Sabía de él por Zai, mejor amiga en común. (A veces la compadezco, no debe estar nada bueno su lugar)
Sabía que él seguía amándome, y él sabía lo mismo de mi parte. Pero nadie hacía nada al respecto.
Supe que su mamá estaba demasiado mal y le gané al orgullo. Fui a buscarlo, a estar con él. Con la ayuda de Zaira.
- (Suspiró) Te juro que no te traje acá porque sí, ni para endulzarte los oídos. Necesito contarte algo...
- Está bien, te escucho.
- Mi mamá... (Y noté que su voz se quebraba a la par que las lágrimas inundaban sus ojos)
- (Tomé su mano) ¿Qué pasa con tu mamá?
- Está... Está... Enferma. Y de verdad. (Dijo cerrando con fuerza sus ojos y dejando caer sus primeras lágrimas, yo no soporté y lo abracé, dejando todo mi orgullo de lado)
- Tranquilo Pepe. Va a estar bien.
- No Pau, no. Está mal en serio. (Lo abracé más fuerte y él escondió su cara en mi cuello) Tengo mucho miedo.
- Tranquilo, tenes que confiar en que va a estar todo bien. Tene fe... (Acaricié su espalda y besé sentidamente su mejilla)
Sabía de él por Zai, mejor amiga en común. (A veces la compadezco, no debe estar nada bueno su lugar)
Sabía que él seguía amándome, y él sabía lo mismo de mi parte. Pero nadie hacía nada al respecto.
Supe que su mamá estaba demasiado mal y le gané al orgullo. Fui a buscarlo, a estar con él. Con la ayuda de Zaira.
Estábamos
en la puerta del hospital.
-
Llamalo Zai, no me animo a mandarme.
- Está bien, pero tranquila... Está muy bien lo que estás haciendo Pau.
- ¿Sí? No sé.
- Te lo aseguro amiga... No deja de llorar ni de decir que te necesita. (Suspiré y la morocha llamó a mi ex) Pepe, estoy en la puerta. ¿Podes bajar? Es un toque. (Pausa) Te espero. (Y cortó) Ahí viene.
- No puedo Zai.
- Sí que podes, no seas tonta. Se aman, y él te necesita. Más que a nadie. Te lo aseguro.
- Está bien, pero tranquila... Está muy bien lo que estás haciendo Pau.
- ¿Sí? No sé.
- Te lo aseguro amiga... No deja de llorar ni de decir que te necesita. (Suspiré y la morocha llamó a mi ex) Pepe, estoy en la puerta. ¿Podes bajar? Es un toque. (Pausa) Te espero. (Y cortó) Ahí viene.
- No puedo Zai.
- Sí que podes, no seas tonta. Se aman, y él te necesita. Más que a nadie. Te lo aseguro.
Ayyy Cami qué hermosa historia! Me pegó muy de cerca toda la primer parte, y tenés ese don de hacerme sensibilizar por mil vos jajaja
ResponderEliminarMuy lindo, ahora quiero leer mas!! es muy injusto que siempre nos dejes con intriga! jajaja
Me avisás cuando subas así no me pierdo ninguna parte porfa?
Gracias, besossss!
Me encanto, me quede con un nudo en la garganta pero me encanto.....
ResponderEliminarEspero el proximo cap, please subi pronto!!!!