Mi cuerpo temblaba, mis manos sudaban, mi corazón latía a una velocidad incontrolable
y mi cabeza no dejaba de imaginar todo tipo de reencuentro posible. (Así como
los imaginaba hacía demasiado, pero claro está que nunca había imaginado todo
en medio de una situación tan compleja como ésta lo era)
Lo vi
venir, abatido, vulnerable. Podía ver la tristeza de su alma en su mirada
perdida. Todavía no se había percatado de mi presencia.
-
Zai...
- Pepe. (Lo saludó con un abrazo) ¿Cómo estás? ¿Tu mamá?
- Igual que ayer, no soporto más. Es demasiado dolor... Y encima a todo esto se suma que la culpa me carcoma por todo lo que pasó con Pau. La necesito. Necesito su abrazo, sus caricias... Sus palabras. Necesito mi mano unida a la de ella. No la veo hace un año, y me doy cuenta que nunca pude olvidarla, que la sigo amando y necesitando como siempre. No puedo más.
- Pepe. (Lo saludó con un abrazo) ¿Cómo estás? ¿Tu mamá?
- Igual que ayer, no soporto más. Es demasiado dolor... Y encima a todo esto se suma que la culpa me carcoma por todo lo que pasó con Pau. La necesito. Necesito su abrazo, sus caricias... Sus palabras. Necesito mi mano unida a la de ella. No la veo hace un año, y me doy cuenta que nunca pude olvidarla, que la sigo amando y necesitando como siempre. No puedo más.
Y con
cada palabra que decía una nueva lágrima corría por mi mejilla y más cerca
estaba yo de él. Posé tímidamente mi mano en su hombro y ubiqué mi cabeza
apoyada en ésta.
- Acá
me tenes, abrazame si lo necesitas. (Dije con la voz quebrada, pero ya sin
temblar. Estar en contacto con él me hacía bien, y ya me había olvidado de cuan
bien)
- ¿Pau?
- Soy yo, solo que un poquito más vieja. (Pude escuchar que él rio tímidamente y se dio vuelta a abrazarme. Momento en el cuál me hubiese deseado desarmarme en sus brazos, pero él me ganó, por la situación)
- Gracias por haber venido.
- No tenes nada que agradecer. Tranquilo.
- ¿Pau?
- Soy yo, solo que un poquito más vieja. (Pude escuchar que él rio tímidamente y se dio vuelta a abrazarme. Momento en el cuál me hubiese deseado desarmarme en sus brazos, pero él me ganó, por la situación)
- Gracias por haber venido.
- No tenes nada que agradecer. Tranquilo.
Y
vaya uno a saber de dónde había surgido tanta serenidad...
Siempre imaginé que iba a morir de un ataque de nervios frente a este momento, pero era todo lo contrario. Quizás porque en el fondo sabía que estaba haciendo lo correcto.
Había sido demasiado tiempo separados y estar juntos otra vez era algo que todavía no lograba procesar, o creer. Estaba pasando en serio.
El abrazo era interminable, infinito… Lleno de sentimientos encontrados, pero su hermana lo llamó y sin decir nada se fue. La miré a Zai extrañada y ella se acercó a abrazarme.
- Veni, entremos.
- No Zai, él ya sabe que estamos acá, si me quiere ver otra vez que venga. No quiero molestar.
- Nunca lo molestarías. Créeme que sé lo que te digo.
- Pero está toda su familia ahí, y es una situación delicada. En serio, me quedo acá. Vos anda si queres… Ya sé que él es también tu amigo.
- Si no vuelve en un rato, le mando un mensaje.
- (Suspiré y me apoyé contra la pared) Me siento tan rara.
- Como para no sentirte así amiga… Pasaron muchas cosas, y no creo que ninguno de ustedes dos se hayan imaginado reencontrándose en esta situación. Tienen muchas cosas para hablar, pero no es el momento.
- ¿Estás segura que hice bien en venir?
- Segurísima.
Volví a suspirar y me deje deslizar por la pared, hasta quedar sentada en el suelo. Con mis piernas flexionadas, abrazándolas. Apoyé mi cabeza en ellas mirándola a Zai. Ella se sentó a mi lado, cuando sonó su celular.
- Pepe dice que… Se complicó su mamá, que tiene que donarle sangre, que por favor lo esperes acá, o que entres. Que se muere por hablar con vos.
Yo sonreí, solo un poco, porque la situación en sí era espantosa y busqué mi celular.
- ¿Tiene el mismo número de siempre?
- Sí, sí.
‘Te espero acá, no te preocupes… Yo también me muero por hablar con vos, y además me costó muchísimo venir, no quiero perder la oportunidad. Ah, soy Pau… Por si me borraste’
‘Lo quise hacer muchas veces, pero que te borrara de la agenda no te iba a borrar de mi corazón… Gracias por esperarme, y por venir. En serio. Me hace muy bien que estés acá’
Suspiré y guardé mi celular en el bolsillo de mi buzo. Me puse la capucha y dejé caer una lágrima, que se multiplicaron en algunas más.
No podía explicar cómo me sentía, todo era raro. Todo… Y de algún modo necesitaba descargarlo.
Mi amiga me abrazó por el costado y yo apoyé mi cabeza en su hombro.
El tiempo pasó, y Pedro volvió…
- Hola… (Dijo nervioso y lo pude notar en el titubeo de su voz al articular aquella simple palabra)
Yo me paré, quedando frente a él. Y fue en aquel momento en el que terminé de comprender que estaba frente a él, otra vez. Los nervios sí me invadieron esta vez, mis manos temblaban y ese temblequeo se reproducía en todo mi cuerpo, interior y exterior.
¿Quién hubiese pensando que todo esto iba a pasar? ¿Qué íbamos a estar frente a frente otra vez? Sentí las lágrimas empapando mis ojos y humedeciendo mis mejillas. Al igual que los de él.
Mis ojos no de despegaban de los suyos, ni los suyos de los míos.
Sentí a Zai irse, y en ese momento volvimos a abrazarnos. Con mucha más fuerza que antes.
- Gracias por estar acá. De verdad.
- Sentí que tenía que venir.
El abrazo se prolongó en el tiempo (Mucho más que el anterior) Y a diferencia de antes éste lo disfruté… Sentirlo otra vez tan cerca de mí, sentirlo otra vez aferrado a mí. Que nuestras respiraciones (Llorosas y agitadas, por cierto) vayan a la par, volver a inhalar su perfume, eran cosas que me hacían bien. Muy bien.
Era loco, muy loco. Mi estómago estaba hecho un nudo (Metáforas del estilo que suele usar mamá y me vienen genial para la ocasión)
Él se separó un poco de mí y yo sonreí.
- Me es muy difícil estar acá igualmente.
- No sabes todo lo que quiero y necesito hablar con vos, pero…
- Juro que te entiendo, y te doy la razón. Es claro que necesitamos hablar, pero ahora no… (Suspiré y sequé mis lágrimas) Solo vine porque sentí que tenía que hacerlo, sin saber si me ibas a querer ver o no.
- ¿Cómo no voy a querer verte tonta? Seguro tenes el parte de cada cosa que hablo con Zai.
- Y vos de lo que yo hablo con ella. ¿O no? (Reímos) Por Dios, es tremenda.
- Al menos sirvió para que vengas…
- Ella me convenció. (Y se generó un silencio bastante incomodo, aunque no muy prolongado) ¿Cómo está tu mamá?
- (Suspiró) Mal, sinceramente mal.
- (Posé mi mano en su hombro) Ya va a mejorar.
- No sé…. Ésta vez en serio no sé.
- Tranquilo, tenes que confiar en que va a estar todo bien. Tene fe...
- Es exactamente lo mismo que me dijiste cuando te lo conté un año atrás.
- ¿En serio?
- Sí…
- Wow, qué memoria.
- No me olvidé de nada de todo lo que vivimos juntos. (Yo bajé mi vista, incómoda. Él suspiró) Perdón, no tendría que haber dicho nada.
- No, no es eso… (Volví mi vista hacia el frente, hacia él)
- ¿Y entonces que es?
- Es que… Yo tampoco me olvidé de nada, y también tengo grabadas a fuego frases tuyas. Pero… Dijimos que no íbamos a hablar ahora.
- Pero necesito hacerlo.
- ¿Acá? Sinceramente no da, y me está agarrando frío.
- Hoy no tengo que quedarme yo. Si me aceptas una cena improvisada en mi casa…
- No es necesaria la comida. Creo que tenemos bastante que hablar, y sinceramente a mí no me pasa ni aire por la garganta. Estoy muy nerviosa, me siento rara. (Suspiré) Pero si queres, vamos a tú casa.
- Veni entonces.
Él emprendió camino hacia, supongo, que su auto y yo lo seguí… Nos subimos en él y me puse el cinturón de seguridad.
- Vivo a cinco cuadras eh.
- No importa.
- ¿Seguís siendo muy miedosa? (Reímos y asentí con mi cabeza)
Siempre imaginé que iba a morir de un ataque de nervios frente a este momento, pero era todo lo contrario. Quizás porque en el fondo sabía que estaba haciendo lo correcto.
Había sido demasiado tiempo separados y estar juntos otra vez era algo que todavía no lograba procesar, o creer. Estaba pasando en serio.
El abrazo era interminable, infinito… Lleno de sentimientos encontrados, pero su hermana lo llamó y sin decir nada se fue. La miré a Zai extrañada y ella se acercó a abrazarme.
- Veni, entremos.
- No Zai, él ya sabe que estamos acá, si me quiere ver otra vez que venga. No quiero molestar.
- Nunca lo molestarías. Créeme que sé lo que te digo.
- Pero está toda su familia ahí, y es una situación delicada. En serio, me quedo acá. Vos anda si queres… Ya sé que él es también tu amigo.
- Si no vuelve en un rato, le mando un mensaje.
- (Suspiré y me apoyé contra la pared) Me siento tan rara.
- Como para no sentirte así amiga… Pasaron muchas cosas, y no creo que ninguno de ustedes dos se hayan imaginado reencontrándose en esta situación. Tienen muchas cosas para hablar, pero no es el momento.
- ¿Estás segura que hice bien en venir?
- Segurísima.
Volví a suspirar y me deje deslizar por la pared, hasta quedar sentada en el suelo. Con mis piernas flexionadas, abrazándolas. Apoyé mi cabeza en ellas mirándola a Zai. Ella se sentó a mi lado, cuando sonó su celular.
- Pepe dice que… Se complicó su mamá, que tiene que donarle sangre, que por favor lo esperes acá, o que entres. Que se muere por hablar con vos.
Yo sonreí, solo un poco, porque la situación en sí era espantosa y busqué mi celular.
- ¿Tiene el mismo número de siempre?
- Sí, sí.
‘Te espero acá, no te preocupes… Yo también me muero por hablar con vos, y además me costó muchísimo venir, no quiero perder la oportunidad. Ah, soy Pau… Por si me borraste’
‘Lo quise hacer muchas veces, pero que te borrara de la agenda no te iba a borrar de mi corazón… Gracias por esperarme, y por venir. En serio. Me hace muy bien que estés acá’
Suspiré y guardé mi celular en el bolsillo de mi buzo. Me puse la capucha y dejé caer una lágrima, que se multiplicaron en algunas más.
No podía explicar cómo me sentía, todo era raro. Todo… Y de algún modo necesitaba descargarlo.
Mi amiga me abrazó por el costado y yo apoyé mi cabeza en su hombro.
El tiempo pasó, y Pedro volvió…
- Hola… (Dijo nervioso y lo pude notar en el titubeo de su voz al articular aquella simple palabra)
Yo me paré, quedando frente a él. Y fue en aquel momento en el que terminé de comprender que estaba frente a él, otra vez. Los nervios sí me invadieron esta vez, mis manos temblaban y ese temblequeo se reproducía en todo mi cuerpo, interior y exterior.
¿Quién hubiese pensando que todo esto iba a pasar? ¿Qué íbamos a estar frente a frente otra vez? Sentí las lágrimas empapando mis ojos y humedeciendo mis mejillas. Al igual que los de él.
Mis ojos no de despegaban de los suyos, ni los suyos de los míos.
Sentí a Zai irse, y en ese momento volvimos a abrazarnos. Con mucha más fuerza que antes.
- Gracias por estar acá. De verdad.
- Sentí que tenía que venir.
El abrazo se prolongó en el tiempo (Mucho más que el anterior) Y a diferencia de antes éste lo disfruté… Sentirlo otra vez tan cerca de mí, sentirlo otra vez aferrado a mí. Que nuestras respiraciones (Llorosas y agitadas, por cierto) vayan a la par, volver a inhalar su perfume, eran cosas que me hacían bien. Muy bien.
Era loco, muy loco. Mi estómago estaba hecho un nudo (Metáforas del estilo que suele usar mamá y me vienen genial para la ocasión)
Él se separó un poco de mí y yo sonreí.
- Me es muy difícil estar acá igualmente.
- No sabes todo lo que quiero y necesito hablar con vos, pero…
- Juro que te entiendo, y te doy la razón. Es claro que necesitamos hablar, pero ahora no… (Suspiré y sequé mis lágrimas) Solo vine porque sentí que tenía que hacerlo, sin saber si me ibas a querer ver o no.
- ¿Cómo no voy a querer verte tonta? Seguro tenes el parte de cada cosa que hablo con Zai.
- Y vos de lo que yo hablo con ella. ¿O no? (Reímos) Por Dios, es tremenda.
- Al menos sirvió para que vengas…
- Ella me convenció. (Y se generó un silencio bastante incomodo, aunque no muy prolongado) ¿Cómo está tu mamá?
- (Suspiró) Mal, sinceramente mal.
- (Posé mi mano en su hombro) Ya va a mejorar.
- No sé…. Ésta vez en serio no sé.
- Tranquilo, tenes que confiar en que va a estar todo bien. Tene fe...
- Es exactamente lo mismo que me dijiste cuando te lo conté un año atrás.
- ¿En serio?
- Sí…
- Wow, qué memoria.
- No me olvidé de nada de todo lo que vivimos juntos. (Yo bajé mi vista, incómoda. Él suspiró) Perdón, no tendría que haber dicho nada.
- No, no es eso… (Volví mi vista hacia el frente, hacia él)
- ¿Y entonces que es?
- Es que… Yo tampoco me olvidé de nada, y también tengo grabadas a fuego frases tuyas. Pero… Dijimos que no íbamos a hablar ahora.
- Pero necesito hacerlo.
- ¿Acá? Sinceramente no da, y me está agarrando frío.
- Hoy no tengo que quedarme yo. Si me aceptas una cena improvisada en mi casa…
- No es necesaria la comida. Creo que tenemos bastante que hablar, y sinceramente a mí no me pasa ni aire por la garganta. Estoy muy nerviosa, me siento rara. (Suspiré) Pero si queres, vamos a tú casa.
- Veni entonces.
Él emprendió camino hacia, supongo, que su auto y yo lo seguí… Nos subimos en él y me puse el cinturón de seguridad.
- Vivo a cinco cuadras eh.
- No importa.
- ¿Seguís siendo muy miedosa? (Reímos y asentí con mi cabeza)
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