lunes, 17 de junio de 2013

Los opuestos se atraen.

Dicen que los puntos opuestos se atraen, que se complementan… pero, cuando son tan opuestos. ¿Es posible?

Él, Pedro Alfonso. El típico flaco ganador y canchero, aquel por el cual mueren todas las chicas de la escuela…

Ella, Paula Chaves. La alumna más aplicada de su curso, aquella que todos los días luce igual, sin importarle si se ve bien o no. Aquella chica tímida, que nadie conoce.


Llegó a la escuela y se sentó en aquel primer banco de la punta, como todas las mañanas. Sin saludar a nadie, y sin llevarle el apunte a nadie se dejó caer en la silla y escondió su cara en sus brazos que estaban apoyados en el banco. ¡Moría de sueño! Claro, no había dormido casi nada, si había pasado toda la noche llorando. La separación de sus padres era algo que la angustiaba, demasiado y el hecho de no tener con quien descargarse provocaba que llore todas las noches, a escondidas del mundo.
Escuchaba el bullicio constante de sus compañeros (Sí, porque era constante, tanto a las siete de la mañana como a las dos de la tarde) la preceptora entró y cada uno seguía en la suya hasta que, como siempre, Cari (la preceptora) comenzó a los gritos y todos se callaron, al menos por algunos segundos. Pasó lista y les comunicó que la profesora de la primera hora faltaría.
¡Bingo! Pensó Paula, su cabeza seguiría pensando, y no sabría cómo ocultar sus lágrimas.
Busco los auriculares en su mochila y los enchufo a su celular, puso play a su cantante favorito. Axel.
Paso la hora entera allí, escondiendo su cara en sus brazos, o más bien, sus lágrimas, mientras escuchaba las bonitas letras de aquel cantante.
Salió al recreo, pasando desapercibida, como estaba acostumbrada y camino por el parque sin desconectarte se sus auriculares, aunque hacía algo bastante de frío.
La mañana pasó y su cabeza explotaba. ¿Lo peor? Todavía le faltaba la clase de gimnasia, pero cuando el aula se vació no logró contener sus lágrimas y se largó a llorar desconsoladamente.
Lo hacía sentada en el suelo, bajo la ventana… Hasta que se sorprendió al ver entrar al chico más popular de su curso (Y hasta de la escuela) frente a ella.

Pedro- Perdón… me olvidé el celu. (Lo buscó y se acercó a ella) ¿Estás bien?
Paula- Sí, sí.
Pedro- Estás llorando…
Paula- Pero estoy bien.
Pedro- ¿Y lloras así por qué estás bien? (Paula rio, estaba demasiado sorprendida al ver que aquel chico se preocupaba por ella. Pero no iba a hablar con él para que después se ría de ella, asique se paró, agarrando sus cosas. Él también lo hizo) ¿Te vas?
Paula- Tengo gimnasia.
Pedro- Pero mira como estás…
Paula- Gracias por preocuparte, pero no confío en vos…
Pedro- Esta bien, sé que te di motivos para que no lo hagas.

¿Qué acababa de pasar? ¿El chico más popular de la escuela se había preocupado por la ‘nerd’?

Al día siguiente, ni bien Paula entró al aula, Pedro se acercó a ella, preguntándole si estaba mejor. Ella atinó a responder afirmando con su cabeza, y sin decir más nada se fue a su banco, al de siempre.

Pedro- ¿Puedo sentarme con vos?
Paula- ¿Vos me estás hablando en serio?
Pedro- Sí…
Paula- No pienso pasarte nada en la prueba…
Pedro- ¿Hoy hay prueba? (Dijo sorprendido)
Paula- Sí, de matemática.
Pedro- Na, es imposible que apruebe. Ni con ayuda. (Reímos)
Tomas- ¡Pedro! ¿Qué haces hablando con la nerda? (Paula revoleó sus ojos y respiro hondo, para no contestarle mal)
Pedro- (Ignorando a su amigo) ¿Puedo o no?
Paula- Mmm… bueno. (Dijo algo nerviosa y dudosa. Pedro fue a buscar sus cosas y se sentó allí, a su lado. Y de repente, todos empezaron a reír y Paula se puso mal) Volvé a tu lugar. (Dijo seca)
Pedro- ¿Por qué?
Paula- Porque escucha a tus amigos… no me gusta esta situación, no vas a hacer que tus amigos se enojen con vos por mí, y además… No me hacen sentir bien.

Él se dio vuelta y preguntó.

Pedro- ¿De qué se ríen tanto? (Y todos, de pronto, se callaron) Alguien que me responda.
Lucía- Pedro, osea. ¡Hello! Te estás sentando con la nerd. Vos.
Pedro- ¿Y? ¿Acaso no es una persona como todos nosotros?
Paula- No hace falta que me defiendas.
Pedro- Pero quiero decir algo. ¿Saben qué? Ustedes, todos ustedes se sienten muy capitos por vivir burlándose de ella, pero no lo son.
Tomas- Pedro. ¡Cómo si vos no lo hubieses hecho!
Pedro- Nombrame una vez que lo haya hecho y te juro que me callo. (Y dejo sin respuesta alguna a su amigo) ¿Ven? ¿Qué ganan haciéndola sentir mal? ¿Qué necesidad tienen de hacerlo?
Paula- Basta Pedro, gracias, pero basta. No es necesario.
Pedro- Sí que es necesario Paula. (Se paró y yo lo hice al lado suyo) ¿Saben qué? Ella es una persona como todos ustedes, y no tiene derecho a bancarse todas las forradas que le hicieron.

Estaba mirando mi inicio en Facebook cuando vi que una de mis compañeras había compartido un tweet suyo, en su muro.

“Gorda de mierda, hacele un favor a tu curso y comprate un pantalón que te quede bien”

Frase acompañada por una foto mía, o de mi cintura, donde se me veía un poco la bombacha. ¿Me vas a decir que nunca te pasó?
Mis ojos se empaparon en lágrimas de un segundo al otro. ¿Cómo podía ser tan forra? ¿Cómo podía divertirse jodiendo a los demás?

Las lágrimas no dejaban de empapar mis mejillas, y estas se acrecentaron al leer los comentarios que hicieron de aquel tweet. Decidí cerrar la notebook antes de seguir haciéndome mierda y me deje caer vencida en la cama. No entendía por qué tanta maldad. ¿Cómo la miraría el lunes a la cara?

 Al día siguiente, volví a entrar en Facebook y note que había borrado la publicación. ¿Lo habría hecho a propósito para que lo vea?

Llegar a la escuela, sin ganas de entrar a aquel lugar (como todos los días) y notar que no había nadie en curso. Seguro organizaron un faltazo y no me avisaron, pensé, asique prendí la luz y pude notar como mi banco estaba lleno de cartelitos con palabras horribles… “Gorda” “Puta” “Nerda” “Narigona” y de repente escuche las carcajadas de todos menos de Pedro, que me miró con compasión.
Mis ojos se llenaron de lágrimas y salí corriendo del aula.

Encontrar todas desordenadas mis cosas…

Que me hayan robado el celular y lo hayan metido adentro de un forro…

Que se acuerden solo de mi cuando necesitan una nota, cuando necesitan salvar una materia.

Paula- (Tomé aire y fuerzas para hablar) Si ustedes hubiesen sentido un poco, solo un poco de lo que yo sentí. Si hubiesen llorado la mitad de las lágrimas que yo lloré… Podrían sentir la mierda que siento todos los días cuando entro acá. (Sequé mis lágrimas) Es algo que no le deseo a nadie, agredir constantemente y gratuitamente por ¿Diversión? ¿Por qué carajo no buscan otra cosa para divertirse?

Y por primera vez los deje a todos callados y en ese momento entró la profesora y le pedí por favor de salir del aula, y ella lo hizo conmigo. Le conté todo lo que había ocurrido y vinieron a hablar hasta los directores, ya que nunca me había animado a contar nada.

Esa tarde, cuando salíamos de la escuela…

Pedro- Pau. ¿Tenes algo que hacer? (Negué con mi cabeza) ¿Queres ir a tomar un helado a la plaza?
Paula- Mmm… bueno, dale.

Emprendimos el camino a la plaza, compramos un cuarto de helado para cada uno en la heladería de enfrente y nos sentamos debajo de un árbol y después de tener una charla bastante divertida comiendo el helado necesite agradecerle lo que había hecho por mí.

Paula- Gracias por lo de hoy, en serio. Nunca me hubiese animado sola.
Pedro- No tenes nada que agradecer, nunca deberías haber pasado todo lo que pasaste. Mira, yo no sé qué visión tenes de mí, supongo que la que tienen todos, pero yo no soy tan así, y te juro que más de una vez intenté pararlos, puede que sea un pendejo al que nada le importa y un vago de mierda, pero no tengo un corazón de piedra, y sé que todo lo que hicieron te dolió, y también sé que no te lo mereces.
Paula- Igual, quédate tranquilo que yo no pienso nada sobre vos, porque no te conozco. Y dicen que no hay que juzgar a los libros por sus tapas.
Pedro- Pero sí por sus páginas…
Paula- Supongo.
Pedro- (Tomó mi mano y beso mi mejilla, provocando que me sonroje y que mis mejillas se tornen algo rosadas, o rojas, más que un tomate) ¿Y no tenes ganas de conocer las páginas de este libro?
Paula- (Sonreí, siempre hubo algo de él que me atrajo, y quizás conocerlo sería… por primera vez darle una oportunidad al amor) Si vos me dejas leerlas… (Nos sonreímos y se acercó a mí, corriendo el pelo de mi cara)
Pedro- Te quiero Pau, de verdad. (Y chocó su nariz con la mía, haciendo que un torbellino de mariposas invada mí estómago, el cual se convirtió en un torbellino de todo tipo de animales que andan por el aire en el instante que sus labios se unieron a los míos, en un beso hermoso, perfecto. En mi primer beso. Nos separamos y nos sonreímos, pero me daba vergüenza, asique escondí mi cara en su hombro y él me abrazo)
Paula- Gracias…
Pedro- ¿Por qué?
Paula- Por ser mi primer beso.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario