sábado, 29 de junio de 2013

Imaginé. Parte VII.

Después de cenar, ambos estábamos sentados en el suelo de su cuarto, enfrentados, él con sus piernas estiradas, y yo con las mías del mismo modo, pero sobre las de él.

- ¿En serio me perdonaste?
- (Sonreí) Te juro que sí, aunque capaz me cueste un poco volver a depositar toda mi confianza en vos, y probablemente sea una perseguida, ya te perdoné… (Dije y apoyé mis brazos en un banquito que había allí, apoyando mi mentón sobre mis brazos) Sabes como soy, súper miedosa e insegura, ayudame a que pueda volver a confiar ciegamente en vos, por favor.
- (Quitó mis piernas de encima de las de él, y se arrodilló, acercándose a mí) Mmm… (Se ubicó en la misma posición que yo en el banquito) Te juro que no va a ser todo cómo antes, si no que va a ser mejor. (Sonreí y él besó mi frente)
- Gracias…
- Sh, el gracias te lo tengo que decir yo a vos, por haberme perdonado.
- Te amo mi amor…
- No sabes cómo extrañaba escuchar que me decís mi amor… (Sonreí) Yo también te amo mi amor… (Sonreímos y corrimos el banquito, para poder besarnos)
- No te das una idea de la cantidad de veces que imaginé este momento… (Suspiré) ¿Conoces la canción desconfío de la vida, de Pappo?
- Mmm… No.
- Espera entonces… (Busqué mi celular y le di un auricular a él, el otro me lo puse yo, y le di play a la canción)
‘No sé por qué imagine que estábamos unidos, y me sentí mejor, pero aquí estoy tan solo en la vida que mejor me voy
Y un viejo blues me hizo recordar momentos de mi vida, mi primer amor, pero aquí estoy, tan solo en la vida que mejor me voy. 
No sé por qué imagine que estábamos unidos, me sentí mejor, pero aquí estoy tan solo en la vida que mejor me voy 
Un viejo blues me hizo recordar momentos de mi vida, mi primer amor, pero aquí estoy tan solo en la vida, que mejor me voy, tan solo en la vida, que mejor me voy tan solo en la vida, 
que mejor me voy...’


- La escuchaba todos los días, pensando en vos, imaginando aquello que dice la canción, que estábamos unidos.
- (Tomó mi mano, haciendo que nuestros dedos se entrelacen) Deja de imaginarlo, hoy lo estamos… Y siempre lo vamos a estar. (Sonreí) Y mira, ahora soy yo el que tengo una canción… (Buscó su celular, desconectó los auriculares del mío y los conecto al suyo)

Le he pedido tanto a Dios, que al final oyó mi voz, por la noche a más tardar, yendo juntos a la par...
Cartas de amor en el hall, se secan con el sol, lejos de la gran ciudad ella es mi felicidad, nada como ir juntos a la par.
Nada como ir juntos a la par, y caminos desandar, el honor no lo perdí, ese héroe que hay en mí, nada como ir juntos a la par.
Se su nombre, se su edad, y sus gustos en la intimidad, cuando un corazón se entrega y el mañana nunca llega, qué más puedo hacer.
Nada como ir juntos a la par, y caminos desandar, el honor no lo perdí, ese héroe que hay en mí, nada como ir juntos a la par.’
Y antes de que termine la canción mis labios estaban unidos a los suyos, y yo sentada sobre sus piernas… Nos abrazábamos.

- Juntos a la par.
- Para siempre. (Dije susurrando en su oído)
- Te amo mi amor… (Dijo abrazándome más fuerte y besó detrás de mí oreja)
- Te amo Pepe… (Lo besé) Y te juro que me encanta estar así con vos, pero mañana tengo prueba con el enano y no estudié nada. Tampoco entiendo nada… ¿Vos podrás ayudarme?
- Posiblemente, porque si no me lo acuerdo de la escuela seguro lo vi en la facu. Yo te ayudo, dale.
- Sos lo más. (Lo besé y busqué mi mochila, saqué el cuaderno y carpeta de contabilidad y los abrí en donde estaba el tema que mañana me evaluaban) ¿Lo sabes?
- Sí, y no es tan complicado… Mira… (Agarró un lápiz y comenzó a explicarme) ¿Entendiste?
- Mmm… Creo. Dejame probar. (Comencé a hacer un ejercicio, y me salió) Digamos que sos un genio, te juro que no cazaba una. (Reímos y lo besé)
- Practica un par más que mientras yo voy a preparar unos tés, tengo del que te gusta… (Sonreí) Y traigo unos chocolates.
- Sos lo más, te lo repito. (Me besó y se fue, yo me quedé practicando un par de ejercicios más y al final no eran tan complicados)

El té y los chocolates ya se habían terminado, y estábamos metidos en su cama, abrazados, haciendo cucharita. (Expresión que siempre me dio gracia)

- Descansa Pau…
- Con vos así es imposible que no lo haga. (Besó mi mejilla) Vos también Pepe.

Al día siguiente me desperté con él besándome el cuello, sonreí, pero no abrí mis ojos, no quería que parara.

- Dale, ya sé que ya estás despierta… Es tarde.
- No importa, seguí… No sabes lo que extrañaba despertarme así.
- Vamos a tener muchas mañanas más… Dale. (Besó mis labios y yo abrí mis ojos) Te traje el desayuno…
- (Sonreí) Gracias. (Volvimos a besarnos y me senté) Te acordas perfectamente de todo.
- Imposible olvidármelo. (Sonreí y lo besé)

Después de desayunar juntos, me cambié y salí de su casa… Él me esperaba en su auto.

- Qué tengas un buen día amor.
- Vos también Pau, y suerte con el enano.
- Viste que con él nunca se sabe… (Reímos) Pero gracias por la explicación de anoche, en serio.
- Cuando quieras te hago de profe particular. (Sonreí y lo besé) Te amo.
- Te amo bonito. (Volvimos a besarnos y baje del auto)

Ese mediodía…

- Señorita. ¿A dónde va? (Preguntó tomándome de la mano, yo ni cuenta me había dado que él estaba allí)
- Nene, me asustaste. (Dije dándome vuelta, con una mano en el pecho)
- Hola mi amor. ¿Cómo estás? Te extrañé.
- (Reí y le di un beso) Me dijiste que no podías venir.
- Pero vine igual… (Sonreí) Digamos que hoy pude zafar temprano.
- O sea que… ¿Sos todo mío hoy?
- Todo, todo.
- ¡Sí! (Dije y él rio, luego me besó… Nos tomamos de la mano y comenzamos a caminar en dirección a su casa)
- ¿Cómo te fue con el enano?
- Bien. Tuve al mejor profe. (Reímos)

Estar volviendo así, de la mano con él, a su casa me hacía sentir que nunca había pasado el tiempo…

Eran varias cuadras, pero el caminarlas con él las hacía parecer mucho menos.

- Amor… ¿Vamos afuera un ratito?
- Mmm… Dale.

Salimos al jardín de su casa y nos acostamos en el pasto, el día estaba muy lindo, y siempre nos había dado mucha paz hacerlo.

Él buscó mi mano, para que entrelacemos nuestros dedos…

- Siento que el tiempo nunca pasó.
- Me pasa lo mismo. (Dije girando mi cuerpo para poder besar su mejilla) Gracias… Es hermoso volver a estar así.
- Gracias a vos por haberme perdonado mi amor. (Dijo abrazándome por la cintura, haciendo que quede sobre él)
- Era una estúpida si no lo hacía. (Lo besé) Te amo con todo mi alma…
- Te amo con mi vida hermosa…

Volvimos a besarnos, y eso continuamos haciendo mientras girábamos en el pasto.


viernes, 28 de junio de 2013

Imaginé. Parte VI.

Ni bien la puerta se abrió, casi por inercia, nos unimos en un abrazo, en uno de esos que tenes la sensación de que estás tan cerca del otro que crees que estás dentro de la persona a la que estás abrazando con todas las fuerzas corporales y sentimentales.

- Hola Pau…
- Hola Pepe… (Susurré en su oído, ya que aún no éramos capaces de separarnos) ¿Cómo estás? ¿Un poquito mejor?
- ¿Te soy sincero? Que tengas ganas de que nos veamos me hizo muy bien, asique sí, mejor. (Sonreí y nos separamos) Veni, entremos.

Él se dirigió por el pasillo hasta la cocina y yo lo seguí…

- ¿Queres algo para tomar, comer?
- Mmm… No, gracias. Necesito que hablemos, no quiero arrepentirme.
- ¿Arrepentirte de qué?
- Veni…

Dije y lo tomé de su mano para que nos dirijamos a su cuarto, de algún modo allí me sentía un poco más segura.

Nos sentamos enfrentados, en la cama… Yo me sentía temblar, de pies a cabeza, por dentro y por fuera. Tenía miedo, vértigo… Pero  a la vez tranquilidad y felicidad. En fin, un estado indescriptible.

- Te escucho Pau…
- (Sonreí y luego suspiré) Bueno… Primero quiero que sepas que no es nada fácil estar acá, al menos para mí, que me costó muchísimo tomar la decisión que tomé, y que tengo un poco de miedo de arrepentirme, pero que, a pesar de ello, hoy siento que es lo mejor para los dos.
Pasaron muchas cosas, pero también pasó mucho tiempo, y creo que si en todo este tiempo no logré olvidarte, seguir intentándolo sería en vano… (Y pude notar como en sus labios se dibujó una sonrisa, la cual me contagió) Me di cuenta de que es inútil, ya es muy evidente, pero también es evidente que nos soy la misma que hace un año atrás, que crecí y maduré demasiado en este tiempo, ya no me siento esa nena que antes creía que era, me siento una mujer, o un proyecto de ello, y me gustaría de verdad poder ser tú mujer, pero, para que eso pase necesito volver a confiar en vos, y lamento comunicarte que eso depende pura y exclusivamente de vos… (Reímos) Me gustaría que volvamos a intentar tener algo, pero siéndote completamente sincera, me da pánico que vuelva a pasar algo que nos separe.

Y con cada palabra que dejaba salir de mi boca, de mi corazón, me relajaba, mi respiración de normalizaba y los latidos de mi corazón también… Sabía que lo qué estaba haciendo era lo mejor, para él y para mí. A pesar de todo.

- Primero, a pesar de todo lo que estoy pasando, tenes que saber que todo lo que me decís me hace muy bien y hasta, incluso, me hace feliz, a pesar de estar cómo estoy. (Sonreí) Y ya sé que el que está en falta acá soy yo, y me comprometo a hacer todo lo que esté a mi alcance, y lo que no también, para que vos puedas volver a confiar en mí, porque no hay nada que necesite más en mi vida que estar con vos. Sé que él que hizo las cosas mal fui yo, sé que fui un pelotudo muy importante, y creo que no me va alcanzar la vida para poder sanarte todo lo mal que te hice, pero, creo también, que la única forma que encuentro de hacerlo es volver a amarte… (Tomó mi mano) Si nuestro amor sigue así de latente es porque es invencible, porque pasaron muchas cosas,  mucho tiempo, mucho dolor, y sin embargo estamos los dos acá, juntos. Otra vez. (Entrelacé mis dedos con los suyos) Te amo Paula, más que a nadie en este maldito mundo, y desde lo más profundo de mi corazón te pido que me perdones… (Yo tomé su otra mano, con lágrimas en los ojos, pero él soltó mis manos, para abrazarme por la cintura… Acercándose cada vez más a mí)
- Yo también te amo como a nadie Pepe, y a pesar de haberlo intentando, eso nunca va a cambiar…

Dije acercándome yo también a él, rodeando su cuello con mis brazos… Nuestras frentes se chocaron y nuestras narices se rosaron, en nuestros labios se dibujaron dos sonrisas muy sinceras… El corazón me latía a una velocidad que no era normal, sentía que se me estaba por salir del pecho, cerré mis parpados, luego de que él lo hizo y me dejé llevar, en el momento en el que nuestros labios se rosaron me sentí flotando en el viento, y cuando me quise dar cuenta ya no existía distancia alguna entre nosotros, nuestros labios estaban siendo los protagonistas de nuestro reencuentro, de ese beso que tanto habíamos deseado, de ese beso que tanto necesitaba… Mis ojos estaban húmedos a raíz de las lágrimas que se habían generado en ellos, sí, como siempre, mi manera de explotar todo lo que siento eran las lágrimas.

El beso se terminó cuando ya ninguno de los dos podía respirar, e hicimos que termine riéndonos.

- Te extrañé tanto Pepe. (Dije intentando contener mis lágrimas)
- Yo también llorona. (Dijo riendo)
- Hey, no seas malo… Me conoces, sabes que soy así. Necesito explotar por algún lado.
- Explotame a mí.
- ¿Y cómo sería eso?
- A besos… Todos los que nos dimos en este último tiempo, aunque… Mmm… Te mereces que te explote yo… (Dijo y comenzó a besar toda mi cara, secando mis lágrimas, terminando en mis labios. Yo lo abracé más fuerte, con la intención de profundizar aquel beso, y él, sin pedirme ningún tipo de permiso, aunque tampoco era necesario que lo haga, se tiró sobre mí, haciendo que ambos quedemos acostados en la cama, o en realidad, yo sobre ella, y él sobre mí)
- ¿Sabes que la única vez que estuve con alguien fue con vos? (Él sonrió y me besó) Te amo mucho, y quiero que eso sea algo lindo, quiero dejar de sufrirlo. Necesito dejar de hacerlo.
- Te prometo que no vas a sufrir más, no lo permitiría otra vez, y menos por mi culpa… (Besó mi nariz) Te amo Pau… Muchísimo. (Nos sonreímos y volvimos a besarnos)

Volver a hacer el amor con él, creo, que fue lo mejor que me había pasado en la vida… Haberlo vuelto a sentir así, y que él me sienta así me había sanado, me había hecho bien, demasiado bien.

Yo descansaba sobre su torso desnudo, lo abrazaba por la cintura, mientras que él con un brazo me abrazaba también por la cintura, y con su mano libre desenredaba mi pelo.

- Creo que lo único que falta es que te duermas encima mío. ¿No?
- ¿Por?
- Por lo que me dijiste en la carta.
- (Sonreí y besé su pecho) Parece mentira que esto esté pasando otra vez, que sea una realidad… Qué no lo esté soñando. (Y apoyé mi mentón en su pecho, para poder mirarlo)
- Es la realidad, y lo va a ser siempre. Te lo prometo.
- Te amo Pepe.
- Te amo hermosa… (Nos sonreímos y nos besamos, yo volví a acomodarme sobre él y cuando estaba intentando dormirme se largó a llover) Mmm… ¿Ahora se te irá de nuevo el pánico ese inútil a la lluvia? (Yo reí, y al rato nos quedamos dormidos)

Me desperté más tarde, y fue en ese momento en el que constate que era una realidad, que nada lo había soñado, que él estaba acá, conmigo… Otra vez.
Sonreí al recordar todo lo que había pasado hacía algunas horas atrás, y me enrosqué mejor en la sabana, para apoyar mis codos en el colchón y dedicarme a besar sus ojos, con la intención de despertarlo.

- Mmm… ¿No lo estaba soñando?
- (Reí) Yo pensé lo mismo, pero no… (Él abrió sus ojos y nos sonreímos) Buenas tardes dormilón.
- ¿Qué hora es?
- Las siete, nos quedamos dormidos. (Hice una pausa) ¿No viene nadie acá? Porque no da que nos encuentren así.
- No, tranquila, no viene nadie… Es mía ahora esta casa.
- ¿En serio?
- Sí, asique puedo volver a secuestrarte cuando salís de la escuela y nos venimos para acá.
- Mmm… Me encanta la idea. (Sonreímos y nos besamos y volví a acomodarme sobre él) Igual ahora no sé cómo voy a hacer para separarme de vos.
- Te podes quedar a dormir acá, conmigo, claro está.
- ¿Vos no trabajas?
- Sí, pero entro a las nueve. Puedo llevarte a la escuela, y después me voy para allá, en el caso de hoy no podría ir a buscarte, pero hay otros que sí.
- (Sonreí) Pero tengo todo en mi casa.
- Podes ir, o te llevo…
- Mmm… Deja que voy sola, así le cuento un poco a mamá de lo que pasó, y después te prometo que vengo y cocinamos algo juntos. ¿Queres?
- Cualquier plan con vos, lo quiero. (Sonreí y nos besamos)

Después de cambiarme, y de despedirme de él, fui en dirección a mi casa, le conté rápidamente todo a mamá (Ya que necesitaba volver lo más rápido posible a la casa de Pepe) Busqué el uniforme del colegio, la mochila, el cargador del celular y volví a la casa de mi ¿Novio?

jueves, 27 de junio de 2013

Imaginé. Parte V.

Pasó una semana y no tenía noticia alguna de Pedro, ni de que haya leído mi carta. ¿Eso era bueno o malo?

Salía de la escuela, embaladísima, apurada, como siempre que lo hacía, necesitaba llegar a casa. No podía más. ¿Por qué? No había pegado un ojo en toda la noche, pensando en él.

Estaba a punto de cruzar la calle cuando la ventanilla del auto que estaba frente a mí se bajó.

- Hola… (Dijo tímido, y yo suspiré) ¿Podemos hablar? Por favor.
- No, no quiero.
- (Se bajó del auto, parando todo el tránsito) Hasta que no te vengas conmigo no muevo el auto.
- Estás loco Pedro.
- No, solo necesito que hablemos.

Suspiré, los bocinazos eran demasiados, y la pobre gente no tenía la culpa. Nos subimos al auto y él arrancó, el silencio reinaba.

- ¿Se puede saber a dónde estamos yendo?
- A mi casa de acá, no hay nadie. Vamos a estar solos.
- Yo no tengo más nada para decir.
- Pero yo sí, y necesito que me escuches.
- ¿Es necesario? Me hace mal todo esto.

Él no respondió más nada…

Llegamos a su casa, a su antigua casa… (Y yo quería salir corriendo)

- No sé por dónde empezar… (Dijo caminando de una punta de la habitación a la otra, hasta que por fin se sentó frente a mí) No hubo un solo día en el que no me haya arrepentido de lo que hice, en el que no me haya odiado por hacerlo. Me sentía y me siento culpable por todo el dolor que te hice sentir, por haberte traicionado y fallado. Me siento un pelotudo por haber arruinado lo más lindo que tenía en la vida, que era nuestra relación. Que eras y sos vos…
- Sí lo fuese no hubieses echado a perder todo.
- Me cegué Pau, me cegué por querer vivir de joda… Fui un pelotudo, demasiado importante. (Suspiró) No sé cómo sanar un poco todo lo que te hice, ni sé cómo pedirte perdón, y esto último tampoco sé si tiene demasiado sentido, pero lo primero sí, y necesito hacerlo… No soporto saber que te hice tanto mal, necesito remediar, al menos algo.
- Es imposible… Es imposible olvidarte. ¿Lo entendes?
- ¿Perdonarme también lo es?
- Creo que sí…
- ¿Crees?
- A veces siento que va a llegar un momento en el que me voy a cansar de llorar y te voy a terminar perdonando, pero no puedo. No puedo volver a confiar en vos.
- ¿Y no hay modo de que de a poco esa confianza vuelva a existir?
- Ojala… Pero sinceramente no sé.

Suspiré y mis ojos se llenaron de lágrimas, estaba nerviosa, como si fuese la primera vez que lo veía, y a pesar de todo lo que había pasado, seguía siendo Pedro. El mismo de siempre.

- No sé, no sé cómo seguir todo esto. Ni siquiera sé si tiene que seguir.
- Sigue o se termina, no podemos seguir con esto así como está.
- ¿Y qué hacemos?
- No sé… Creo que acá la que tiene la última palabra sos vos, vos sos la que está lastimada acá, y creo que lo que quiero yo es obvio. ¿No?
- Sí… (Dije sin saber qué otra cosa decir) Te juro que me muero porque todo vuelva a ser como antes, pero la desconfianza ya está. Es un hecho…
- Dejame demostrarte que podes confiar en mí otra vez. Créeme que no volvería a arruinar todo por una pendejada.
- Dame un tiempo para pensarlo, porque sí te doy una respuesta ahora lo más probable es que después cambie, y tampoco quiero confundirte a vos.
- El que quieras, no tengo derecho a reclamar nada.



Yo salía de la escuela, con mis auriculares, en donde sonaba Coldplay al mango, literalmente en mi mundo… Pensando en Pedro. (Para variar un poco)

Me asusté al sentir que alguien tomaba mi mano, quise defenderme, creyendo que era un ladrón o algo de eso, pero me sorprendí al levantar mi mirada y encontrarme con Pepe.

- Me asustaste… (Dije quitándome un auricular. Él levantó la vista y pude notar sus ojitos llorosos, su mirada perdida, triste. Angustiada… Lo miré de pies a cabeza y su aspecto era vulnerable, muy vulnerable. Tímidamente pregunté) ¿Qué pasa? ¿Pasó algo con tú mamá?

Él no respondió nada, tan solo me abrazó, y yo también lo abracé. A los segundos noté que lloraba, como nunca lo había escuchado ni visto hacerlo…

- Tranquilo Pepe. ¿Queres que vayamos a mi casa así estamos más tranquilos?
- Por favor… (Dijo con un hilo de voz y yo lo abracé más fuerte)

Caminamos hasta mi casa, en silencio y abrazados. No soportaba verlo así, no existía nada peor para mí que verlo mal a él, era como si toda su angustia la sintiera yo junto con él.

Fuimos lento, en realidad, me adapté a su paso, que era demasiado pausado y tranquilo.

Podía notar como intentaba hablar y no podía, su respiración agitada mezclada con su llanto desconsolado se lo impedía.

Por suerte en mi casa estábamos solos, no tendría que darle explicaciones a nadie. Serví un vaso de agua para él y subimos a mi cuarto.

- Ponete cómodo Pepe… Voy al baño y vengo… Tranquilo.

Cuando volví del baño él estaba acostado en mi cama, sonreí al verlo de nuevo allí y me acerqué a él, me senté en un puff, frente a él, acaricié su pelo y le di tiempo para que comience a hablar.
Me relató todo lo que había ocurrido, detalle por detalle, en medio de un llanto desconsolado, cargado de angustia, de dolor, de bronca, de impotencia. Cargado de preguntas sin respuesta.

- Llora todo lo que sientas necesario, te va a hacer bien. (Tomé su mano y le di un beso en ella)
- Perdón por aparecer así, pero sos a la única persona que necesito en este momento.
- No tenes que pedir perdón, si no aparecías vos lo iba a hacer yo… (Pude notar que sonrió, solo un poco y yo acaricié su pelo) Pero ahora no vamos a hablar nada, no es el momento. (Me arrodillé frente a él) Aunque sea muy doloroso, e inentendible, era algo que quizás tenía que pasar, y aunque cueste muchísimo, tenes que aceptarlo Pepe… Porque aunque suene muy cruel, no podes cambiarlo, pasó y no tiene vuelta atrás. Ahora llora, todo lo que necesites para sacar afuera todo lo que tenes acumulado adentro tuyo, pero el día de mañana, cuando aprendas a sobrellevarlo, vas aprender a recordarla con una sonrisa, vas aprender a convivir con esto que pasó. (Besé su mejilla) Tranquilo.

Los días siguieron pasando, y no volvimos a hablarnos… Pero ya no soportaba más la distancia. Estaba decidida a perdonarlo… ¿Qué sentido tenía seguir así?

Al fin y al cabo había pasado demasiado tiempo, y en ese largo lapso, sufrí y lloré demasiado, intenté olvidarlo y odiarlo, lo cual fue imposible… Todo lo que hacía, hasta incluso pensarlo, me hacía amarlo un poco más. Entonces… ¿Para qué seguir con esto? Si nos amamos, porque sé que él me sigue amando a mí, y porque sé que yo lo sigo amando, aunque quizás con un poco de desconfianza, pero dicen que no hay nada que no tenga solución.

‘Pepe, estás mejor? Podemos vernos?’

‘Mmm… Digamos que bien, y digamos que este mensaje me hizo sonreír por primera vez en el día, obvio que podemos vernos, es lo que necesito. Te puedo ofrecer mi casa, en media hora puedo andar por ahí’

‘Te espero entonces, y me alegra saber que te saque una sonrisa’

Listo, ya está. Decisión tomada, momento de jugársela, era a todo o nada.
Toqué timbre en su casa, nerviosa y tranquila a la vez.

Nerviosa porque tenía un poco de temor de equivocarme.

Tranquila porque sabía que no iba a ser rechazada.

miércoles, 26 de junio de 2013

Imaginé. Parte IV

Llegamos a su departamento, y después de bajar del auto entramos al edificio. Ascensor, en silencio. Y al fin, en su casa. Me invitó a sentarme en su sillón.

- Acá estamos. (Dijo y suspiró. ¿Se suponía que tenía que empezar yo a hablar? Porque sinceramente no me creía capaz de conectar una palabra a la otra, menos que menos de lograr formular una oración coherente. Me sentía más nerviosa  que cuando, hacia casi dos horas, nos habíamos reencontrado) Pau… (Suspiró) ¿Te soy sincero? Tengo miedo de sincerarme y que no tenga sentido.
- Yo tengo miedo de estar acá con vos. No sé por dónde empezar, pero tampoco soporto tantas cosas adentro mío. Me siento ahogada.
- Yo tampoco sé por dónde empezar. O en realidad sí, pero sería cualquiera. (Reímos) No hubo un solo día en el que no me haya arrepentido de ese viaje, ni de lo que hice.
- Y no hubo un solo día en el que eso no me doliera.
- Y eso es lo que más me duele a mí.
- ¿Y a mí? (Pregunté ya sin poder contener las lágrimas) Nunca más pude engancharme con otro pibe, ni mucho menos olvidarme de vos.
- Yo tampoco me olvidé de vos.
- Pero era una nena, y me lastimaste. Demasiado. Sentí que jugaste conmigo, que me boludeaste, porque te plantee mil veces que tenía miedo que eso pase, y me prometiste que no iba a pasar. Y pasó. Mi corazón era tuyo, y lo sabías… Y fue como si me lo estrujaras, haciéndolo mierda, y me lo devolvieras así. (Suspiré) Fuiste mi primer amor, mi único amor… Me entregué a vos, completamente, y lo sabes… Y sentí, literalmente, que te cagaste en eso. Me sentía una nena, y no me cuidaste. Y quizás no sea tú culpa, quizás sea mía, por haberme enamorado de alguien que era más grande que yo. (Y sí, una vez que pongo primera no paro, tenía muchas cosas reclutadas adentro mío, y era hora de que salgan a la luz)
- (Sus ojos despedían lágrimas, al igual que los míos) Te juro que no sé cómo pedirte perdón, o cómo poder remediar un poco de tanto dolor. Eras la última persona que se merecía que la lastime. Lo único que quería era cuidarte.
- Intenté hasta odiarte, pero el amor que te tengo es más fuerte que ese odio que intenté generar. No sé qué hacer, te juro que no sé. Moriría por poder borrar ese día, y que sea todo como antes.
- Y yo daría todo por no fallarte. No soporto saber que te lastimé y que te hice tanto mal. (Hizo una pausa) Te juro que intenté todo, todo lo que se me ocurrió para que me perdones, pero nada funcionó, y créeme que te entiendo, porque te doy la razón en cada una de las palabras que decís… Pero me duele no saber cómo poder remediarlo.
- No sé si vas a poder. Pasó más de un año y siento el mismo dolor que en el momento en el que vi las fotos.
- No me digas eso, por favor.
- Es lo que siento, no puedo no serte sincera. Y creo que dijimos que eso íbamos a hacer, sincerarnos.
- Pero me duele saberlo.
- Y a mí me duele todo lo que pasó Pedro.
- ¿Y no hay nada que pueda hacer? ¿Absolutamente nada? Al menos para que estés un poco mejor.
- No sé… Créeme que si pudiese hacer algo, ya lo hubiese hecho. No soporto más esta situación. (Suspiré y sequé mis lágrimas, con las mangas de mi buzo) Todos me decían que te iba a olvidar rápido, que solo habías sido mi primer noviecito… Y te juro que fuiste y sos mucho más que eso. ¿Por qué Pedro? ¿Por qué? ¿Por qué te hiciste amar tanto? ¿Por qué me hiciste algo así? ¿Por qué me lastimaste? ¿Por qué me traicionaste? ¿Por qué carajo te conocí? No hubo un solo día, ni uno solo, en el que no haya llorado por vos, en el que no te haya extrañado, en el que no te haya necesitado. Todas viven de joda, disfrutan de su último año, salen, hacen fiestas, se comen a veinte pibes por noche. ¿Y yo? Lloro porque te extraño. Es una mierda Pedro.
- Para Pau, para. (Dijo tomando mi mano y yo hice que me soltará, me levanté del sillón, con bronca)
- No paro un carajo Pedro, te odio (Grité llorando cada vez más)

Y golpee con mis puños su pecho, llorando cada vez más, gritando, enojada, con bronca. Con dolor.

Él intentaba pararme, pero era inútil, mis puños golpeaban su pecho. Necesitaba desquitarme con él todo lo que tenía adentro, hasta que me quedé sin fuerzas, dejándome caer al suelo, pero él lo impidió, me sostuvo entre sus brazos y yo escondí mi cara en su pecho, llorando como nunca lo había hecho.

- ¿Por qué?

Y sentía que me abrazaba con todas sus fuerzas, y a la vez, con delicadeza. Acariciaba mi espalda, con el afán de tranquilizarme. (O eso creo)

Y a pesar de lo muchísimo que lloraba, estar así con él, otra vez, me sanaba, al menos un poco.

- Te necesito como al aire que estoy respirando. ¿Lo entendes?
- Pau, tranquilizate. Por favor.
- No puedo tranquilizarme. (Dije y me separé un poco de él, temblando) No puedo, te juro que no puedo.

Él no respondió, solo volvió a abrazarme. Era verdad que no se había olvidado de nada, porque seguía recordando que sus abrazos eran los únicos capaces de tranquilizarme.

Después de varios minutos me separé de él  y busqué un papel en mi bolsillo.

- Es para vos, ahí dice todo, sin gritos ni llantos. Intenté ser lo más clara posible. (Suspiré) Perdón si fui muy histérica recién… Sigo siendo una nena como verás, y esta nena no quiere volver a enredarse con vos, porque no quiere volver a sufrir, no se lo merece… (Sequé mis lágrimas) Simplemente vine porque lo sentí, porque necesitaba darte un abrazo, y un poco de fuerzas, espero al menos haberlo logrado… (Besé sentidamente su mejilla y me fui)

‘Pedro… Decido escribirte porque sé que cuando esté frente a vos me voy a quedar perpleja y porque estoy segura de que no voy a poder decirte todo lo que necesito que sepas.
Mis ojos lloran, al igual que mi corazón… Afuera llueve, y desde que nos separamos que no solo me da miedo que llueva, sino que también me angustia. ¿Por qué? Porque el día que me entregué a vos llovía torrencialmente, y ese día lograste que se me vaya ese pánico inútil. (Aunque fue por poco tiempo)
El reloj marca la medianoche, exacta… Hoy voy a verte, aunque no sé muy bien por qué, siento que tengo que hacerlo, necesito darte un abrazo, aunque no sé para qué. No sé cómo voy a reaccionar, ni que voy a hacer. (Por eso escribo esta carta)
¿Cómo resumir este año en palabras? Quizás la palabra angustia sea la correcta. Te amo, te amo como siempre, como ayer, como hoy, y como mañana… Te amo y juro que no puedo cambiarlo ni revertirlo. Te amo Pedro, con cada parte de mi vulnerable ser. Te amo porque sabes amarme, porque sabes hacerme sentir bien, porque tus labios son el paraíso, porque tu mirada me desconecta del mundo, porque tu cuerpo encaja a la perfección con el mío. Te amo porque sos el hombre del que me enamoré, pero también te odio, te odio porque me traicionaste, porque me fallaste. Te odio porque faltaste a nuestra promesa, a nuestro pacto. Te odio porque me entregué a vos y fue inútil, porque no puedo arrancarte de mi cabeza ni de mi corazón, porque lloro todos los días porque te extraño y te necesito. Odio amarte así, desmesuradamente.
Intento encontrarle un por qué a lo que pasó, un motivo, una explicación… Y a pesar de haber repasado los hechos incontables veces (Del derecho y del revés) Es imposible, no existe. No hay un por qué.
Odio amarte así con tan solo dieciocho años, suelen decirme que estoy loca, que es imposible amar así a mi primer novio, pero vos sos mucho más que eso. Siento que sos mi otra mitad. (Y no te das una idea de lo mucho que duele) Duele, duele el corazón, el alma y el cuerpo. Duele no besarte, no abrazarte. Duele no dormirme con vos, o que no desenredes mi pelo con tus manos. Duele no sentir más tú perfume, duele no sentirte más. Duele, demasiado. (Y espero que algún día deje de doler, porque ya es insoportable)
Te amo Pedro. (Y odio hacerlo)’


Se largó a llover. (El mundo estaba en contra mío. Definitivamente)

Corrí, corrí y seguí corriendo, inútilmente. Era imposible volver a mi casa corriendo, reí al darme cuenta de ello y llamé a mi mejor amigo, aunque era tarde, no podía pasar la noche allí, y él tenía auto.

- ¿Me explicas qué pasó? ¿Qué haces acá? ¿Empapada y llorando?
- Es una historia muy larga Facu. (Suspiré) ¿Podemos ir a tú casa? Por favor.
- ¿Y mañana ni a gancho a la escuela, no?
- ¿Eh? Ni loca. Mira lo que soy. (Reímos y él arrancó el auto)

Tiritaba, por el frío y por la angustia. El viaje fue eterno. (Demasiado para mi gusto) Pero por suerte, al fin llegamos…

- Vos te vas a bañar, te vas a enfermar sino…
- No tengo ropa.
- ¿Te olvidas que tenes acá un jean, no? Y remera, bueno, una mía. ¿Puede ser?
- Soy una colgada. Gracias… En serio.
- Anda, no agradezcas. Te espero con mate en mi cuarto, así me contas que pasa.

- No podes seguir así por ese pibe.
- ¿Qué parte de que lo amo no entendes?
- Esa, que lo sigas amando.
- (Suspiré) Ojala pudiese no hacerlo, ojala.
- Entonces perdónalo Pau.
- Es imposible.
- Es que es muy simple, o te olvidas de él o lo perdonas, porque así no podes más…
- Sigo así, y punto. Es tema mío.
- Paula, reacciona. Por favor… Lloras hace más de un año por ese flaco, ya está. Ya fue. Disfruta un poco. Permititelo.

martes, 25 de junio de 2013

Imaginé. Parte III.

Mi cuerpo temblaba, mis manos sudaban, mi corazón latía a una velocidad incontrolable y mi cabeza no dejaba de imaginar todo tipo de reencuentro posible. (Así como los imaginaba hacía demasiado, pero claro está que nunca había imaginado todo en medio de una situación tan compleja como ésta lo era)
Lo vi venir, abatido, vulnerable. Podía ver la tristeza de su alma en su mirada perdida. Todavía no se había percatado de mi presencia.
- Zai... 
- Pepe. (Lo saludó con un abrazo) ¿Cómo estás? ¿Tu mamá?
- Igual que ayer, no soporto más. Es demasiado dolor... Y encima a todo esto se suma que la culpa me carcoma por todo lo que pasó con Pau. La necesito. Necesito su abrazo, sus caricias... Sus palabras. Necesito mi mano unida a la de ella. No la veo hace un año, y me doy cuenta que nunca pude olvidarla, que la sigo amando y necesitando como siempre. No puedo más.
Y con cada palabra que decía una nueva lágrima corría por mi mejilla y más cerca estaba yo de él. Posé tímidamente mi mano en su hombro y ubiqué mi cabeza apoyada en ésta.

- Acá me tenes, abrazame si lo necesitas. (Dije con la voz quebrada, pero ya sin temblar. Estar en contacto con él me hacía bien, y ya me había olvidado de cuan bien)
- ¿Pau?
- Soy yo, solo que un poquito más vieja. (Pude escuchar que él rio tímidamente y se dio vuelta a abrazarme. Momento en el cuál me hubiese deseado desarmarme en sus brazos, pero él me ganó, por la situación)
- Gracias por haber venido.
- No tenes nada que agradecer. Tranquilo.

Y vaya uno a saber de dónde había surgido tanta serenidad... 
Siempre imaginé que iba a morir de un ataque de nervios frente a este momento, pero era todo lo contrario. Quizás porque en el fondo sabía que estaba haciendo lo correcto.

Había sido demasiado tiempo separados y estar juntos otra vez era algo que todavía no lograba procesar, o creer. Estaba pasando en serio.

El abrazo era interminable, infinito… Lleno de sentimientos encontrados, pero su hermana lo llamó y sin decir nada se fue. La miré a Zai extrañada y ella se acercó a abrazarme.

- Veni, entremos.
- No Zai, él ya sabe que estamos acá, si me quiere ver otra vez que venga. No quiero molestar.
- Nunca lo molestarías. Créeme que sé lo que te digo.
- Pero está toda su familia ahí, y es una situación delicada. En serio, me quedo acá. Vos anda si queres… Ya sé que él es también tu amigo.
- Si no vuelve en un rato, le mando un mensaje.
- (Suspiré y me apoyé contra la pared) Me siento tan rara.
- Como para no sentirte así amiga… Pasaron muchas cosas, y no creo que ninguno de ustedes dos se hayan imaginado reencontrándose en esta situación. Tienen muchas cosas para hablar, pero no es el momento.
- ¿Estás segura que hice bien en venir?
- Segurísima.

Volví a suspirar y me deje deslizar por la pared, hasta quedar sentada en el suelo. Con mis piernas flexionadas, abrazándolas. Apoyé mi cabeza en ellas mirándola a Zai. Ella se sentó a mi lado, cuando sonó su celular.

- Pepe dice que… Se complicó su mamá, que tiene que donarle sangre, que por favor lo esperes acá, o que entres. Que se muere por hablar con vos.

Yo sonreí, solo un poco, porque la situación en sí era espantosa y busqué mi celular.

- ¿Tiene el mismo número de siempre?
- Sí, sí.

‘Te espero acá, no te preocupes… Yo también me muero por hablar con vos, y además me costó muchísimo venir, no quiero perder la oportunidad. Ah, soy Pau… Por si me borraste’

‘Lo quise hacer muchas veces, pero que te borrara de la agenda no te iba a borrar de mi corazón… Gracias por esperarme, y por venir. En serio. Me hace muy bien que estés acá’

Suspiré y guardé mi celular en el bolsillo de mi buzo. Me puse la capucha y dejé caer una lágrima, que se multiplicaron en algunas más.

No podía explicar cómo me sentía, todo era raro. Todo… Y de algún modo necesitaba descargarlo.

Mi amiga me abrazó por el costado y yo apoyé mi cabeza en su hombro.

El tiempo pasó, y Pedro volvió…

- Hola… (Dijo nervioso y lo pude notar en el titubeo de su voz al articular aquella simple palabra)

Yo me paré, quedando frente a él. Y fue en aquel momento en el que terminé de comprender que estaba frente a él, otra vez. Los nervios sí me invadieron esta vez, mis manos temblaban y ese temblequeo se reproducía en todo mi cuerpo, interior y exterior.
¿Quién hubiese pensando que todo esto iba a pasar? ¿Qué íbamos a estar frente a frente otra vez? Sentí las lágrimas empapando mis ojos y humedeciendo mis mejillas. Al igual que los de él.
Mis ojos no de despegaban de los suyos, ni los suyos de los míos.        

Sentí a Zai irse, y en ese momento volvimos a abrazarnos. Con mucha más fuerza que antes.

- Gracias por estar acá. De verdad.
- Sentí que tenía que venir.

El abrazo se prolongó en el tiempo (Mucho más que el anterior) Y a diferencia de antes éste lo disfruté… Sentirlo otra vez tan cerca de mí, sentirlo otra vez aferrado a mí. Que nuestras respiraciones (Llorosas y agitadas, por cierto) vayan a la par, volver a inhalar su perfume, eran cosas que me hacían bien. Muy bien.

Era loco, muy loco. Mi estómago estaba hecho un nudo (Metáforas del estilo que suele usar mamá y me vienen genial para la ocasión)

Él se separó un poco de mí y yo sonreí.

- Me es muy difícil estar acá igualmente.
- No sabes todo lo que quiero y necesito hablar con vos, pero…
- Juro que te entiendo, y te doy la razón. Es claro que necesitamos hablar, pero ahora no… (Suspiré y sequé mis lágrimas) Solo vine porque sentí que tenía que hacerlo, sin saber si me ibas a querer ver o no.
- ¿Cómo no voy a querer verte tonta? Seguro tenes el parte de cada cosa que hablo con Zai.
- Y vos de lo que yo hablo con ella. ¿O no? (Reímos) Por Dios, es tremenda.
- Al menos sirvió para que vengas…
- Ella me convenció. (Y se generó un silencio bastante incomodo, aunque no muy prolongado) ¿Cómo está tu mamá?
- (Suspiró) Mal, sinceramente mal.
- (Posé mi mano en su hombro) Ya va a mejorar.
- No sé…. Ésta vez en serio no sé.
- Tranquilo, tenes que confiar en que va a estar todo bien. Tene fe...
- Es exactamente lo mismo que me dijiste cuando te lo conté un año atrás.
- ¿En serio?
- Sí…
- Wow, qué memoria.
- No me olvidé de nada de todo lo que vivimos juntos. (Yo bajé mi vista, incómoda. Él suspiró) Perdón, no tendría que haber dicho nada.
- No, no es eso… (Volví mi vista hacia el frente, hacia él)
- ¿Y entonces que es?
- Es que… Yo tampoco me olvidé de nada, y también tengo grabadas a fuego frases tuyas. Pero… Dijimos que no íbamos a hablar ahora.
- Pero necesito hacerlo.
- ¿Acá? Sinceramente no da, y me está agarrando frío.
- Hoy no tengo que quedarme yo. Si me aceptas una cena improvisada en mi casa…
- No es necesaria la comida. Creo que tenemos bastante que hablar, y sinceramente a mí no me pasa ni aire por la garganta. Estoy muy nerviosa, me siento rara. (Suspiré) Pero si queres, vamos a tú casa.
- Veni entonces.

Él emprendió camino hacia, supongo, que su auto y yo lo seguí… Nos subimos en él y me puse el cinturón de seguridad.

- Vivo a cinco cuadras eh.
- No importa.
- ¿Seguís siendo muy miedosa? (Reímos y asentí con mi cabeza)

lunes, 24 de junio de 2013

Imaginé. Parte II.

¿Y ahora? La lluvia no solo volvía a darme miedo, si no que me angustiaba. Demasiado. Angustiaba cada pequeño y gran hueco de mi ser. Cada recoveco de él.

Ésta reflejaba de manera casi perfecta el estado de mi vulnerable alma.

 Ya había pasado demasiado tiempo de aquel día, y lo recordaba como si todo hubiese pasado hacía medio minuto, incluso cada sensación o sentimiento que me había invadido el cuerpo en aquel entonces.

¿Dónde había quedado esa promesa? ¿Dónde había quedado nuestro amor?
La promesa en la nada, y nuestro amor quebrado, hecho añicos, escombros.
Con mi espalda reposada sobre la pared, que intenta ser la cabecera de mi cama, mi cabeza apoyada en la pared perpendicular a la anterior nombrada, abrazando mis rodillas. Observando por la ventana las gotas de lluvia que chocaban contra el suelo, así como mis lágrimas lo hacían contra el acolchado de mi cama.
Mi corazón latía a ritmo nervioso, y mi cabeza era incapaz de parar, de dejar de repasar esa horrible sucesión de hechos.
Estaba en la compu, Pedro se había ido hacia tres días y ya lo extrañaba, demasiado, a pesar de que hablábamos todos los días.
Facebook muchas veces puede servir de enemigo, y uno no lo sabe hasta que lo vivencia.
¿Por qué mi amor? ¿Por qué?
No solo que él, MI amor, MI Pedro estaba comiéndose a otra chica muy cómodo en el sillón del boliche, si no que acababa de quedar como la cornuda más pelotuda de todas. Genial.
Mis ojos rápidamente se empaparon de lágrimas, impidiendo que vea nítida la pantalla, y más precisamente las fotos.
Me había entregado a él, como nunca lo hubiese hecho con nadie. Porque lo amaba, porque lo amo, porque siempre va a ser así.

Pero siempre existió algo en mí que sabía que esto iba a pasar, a pesar del amor, era Bariloche. ¿Y quién no desbarranca en Bariloche?... Aunque eso no quitaba que me sintiera traicionada, o en realidad, sinceramente... Eso no quitaba que no me sintiera la pelotuda más grande del planeta.

- Amor...
- ¿Amor? ¿Amor me decís? ¿Vos me estás cargando nene?
- No Pau, no. ¿Podemos hablar tranquilos y en serio? Por favor.
- ¿Seguro que te la bancas? Porque la promesa no te la bancaste.
- ¿Podes dejar de ser tan hiriente?
- (Reí irónica) Como si vos no me hubieses lastimado. No me lo merecía. ¿Sabes? (Dije comenzando a llorar, como una nena) Me entregué a vos, a pesar de mis miedos, mis temores. ¡A pesar de todo! ¿Y vos me lo devolves así? Creía que eras distinto.
- Mi amor... Por favor. (Suplicó también llorando, pero a mí no me iba a mover ni media pestaña) Estaba re escabio, me habían dado una pastilla que no sé qué carajo me hacía, no era consciente de lo que hacía.
- Cuando decidiste escabiarte y tomar esa pastilla si lo estabas... Fue decisión tuya.
- Paula, yo te amo. (Suspiró y secó mis lágrimas, a lo cual me dejé, a pesar de todo quería guardarme su última caricia en el corazón) 
- Yo también te amo Pedro, y eso es lo que más me duele. Todo el amor que siento, que sé que existe. Nuestra historia no se merecía este final. (Lo tomé por sus mejillas y deposité un beso, el último en sus labios, con mis ojos cerrados y sin dejar de llorar) Gracias por ser mi primer amor, por haberme enseñado a amar. Pero esto se terminó. (Lo solté y di media vuelta, para irme, pero él tomó mi mano, parándome, yo negué con mi cabeza e hice que me suelte. Por fin estaba corriendo en la dirección opuesta a él)
Y hoy, un año después (e incluso más tiempo después) sigo sintiendo el mismo dolor.
¡Quiero olvidarte Pedro, tengo 18 años y hace un año que te lloro!
Los dos meses siguientes a su viaje fueron los peores. Era horrible cruzar miradas en el recreo, era una mirada que dolía. Que me hacía revolver todo lo que había pasado, que me hacía recordar cada lágrima derramada, aquellas que no cesan hasta hoy.
Supe que se había ido a vivir a Capital, para estudiar y trabajar.

Yo terminaba la escuela. No éramos compatibles, porque hubiese sido imposible seguir así... (Yo y mi maldita costumbre de encontrarle un por qué a todo. Es inútil)
Me sentía una nena y una mujer a la vez, sentía que era inútil sufrir por un amor adolescente, un amor que había terminado, me sentía una tarada por no poder abrirme a conocer otros chicos, pero todo eso me pasaba porque sabía, porque sentía que no era un simple primer amor. A pesar de tener una tan corta edad, estaba segura de que todo lo vivido con él no era algo así no más, no había sido mi primer noviecito, claramente no.
Otra vez recordando todo, repasando cada hecho, palabra, sentimiento y lágrima derramada.
Otra vez extrañándolo, deseando poder unir mis labios a los suyos, o quedarme dormida en su pecho, con sus brazos rodeando mi cintura. Deseando poder mirarnos a los ojos y ser capaces de demostrarnos y decirnos todo simplemente con aquella mirada profunda y sincera. Deseando entrelazar mis dedos a los suyos y salir a caminar. Deseando que venga a buscarme a la salida de la escuela y nos escapemos a pasar la tarde juntos, no importaba donde, simplemente importaba que era juntos.

Imaginé que entraba a mi casa y corría por las escaleras, desesperado por venir a buscarme. Que nos reencontrábamos, que nos besábamos, nos abrazábamos como si no existiese un mañana, ni un minuto más. Imaginé que sentía mi cuerpo vibrar frente al suyo, al sentirme en sus brazos. Imaginé a mi corazón feliz, nervioso... Imaginé mis latidos a la par de los de él. Ambos nos encontrábamos en la misma situación. Imaginé que después de muchos besos, lágrimas, caricias... De muchos 'Perdón' y 'Te amo' Él me invitaba a pasar el resto de mi vida a su lado, y que yo aceptaba su propuesta con la felicidad desbordándome.

Imaginé que estábamos unidos, para sentirme un poco mejor, para tranquilizarme. Pero nunca dejo de ser eso, una imaginación, un anhelo. Una utopía.

- Pau...
- Pedro, por favor.
- A vos te pido por favor mi amor, necesito que me perdones. Te extraño, te necesito. No puedo sin vos... Necesito contarte algo, necesito que me des un abrazo.
- Pepe...
- Como amigos... Por favor.

Y sin que me dé lugar a que le responda tomó mi mano y me alejó del lugar, obligándome a que lo siga. Fuimos hasta la parte de atrás de la escuela, escapándonos de clase. Nos sentamos en un arco de futbol y yo dije:
- Vos traicionaste mi confianza, y eso es muy difícil de remediar.
- (Suspiró) Te juro que no te traje acá porque sí, ni para endulzarte los oídos. Necesito contarte algo...
- Está bien, te escucho.
- Mi mamá... (Y noté que su voz se quebraba a la par que las lágrimas inundaban sus ojos)
- (Tomé su mano) ¿Qué pasa con tu mamá?
- Está... Está... Enferma. Y de verdad. (Dijo cerrando con fuerza sus ojos y dejando caer sus primeras lágrimas, yo no soporté y lo abracé, dejando todo mi orgullo de lado) 
- Tranquilo Pepe. Va a estar bien.
- No Pau, no. Está mal en serio. (Lo abracé más fuerte y él escondió su cara en mi cuello) Tengo mucho miedo.
- Tranquilo, tenes que confiar en que va a estar todo bien. Tene fe... (Acaricié su espalda y besé sentidamente su mejilla)


Sabía de él por Zai, mejor amiga en común. (A veces la compadezco, no debe estar nada bueno su lugar)

 Sabía que él seguía amándome, y él sabía lo mismo de mi parte. Pero nadie hacía nada al respecto.

Supe que su mamá estaba demasiado mal y le gané al orgullo. Fui a buscarlo, a estar con él. Con la ayuda de Zaira.
Estábamos en la puerta del hospital.

- Llamalo Zai, no me animo a mandarme.
- Está bien, pero tranquila... Está muy bien lo que estás haciendo Pau.
- ¿Sí? No sé.
- Te lo aseguro amiga... No deja de llorar ni de decir que te necesita. (Suspiré y la morocha llamó a mi ex) Pepe, estoy en la puerta. ¿Podes bajar? Es un toque. (Pausa) Te espero. (Y cortó) Ahí viene.
- No puedo Zai.
- Sí que podes, no seas tonta. Se aman, y él te necesita. Más que a nadie. Te lo aseguro.


domingo, 23 de junio de 2013

Imaginé. Parte I.

‘No sé por qué imagine que estábamos unidos, y me sentí mejor, pero aquí estoy tan sola en la vida que mejor me voy
Y un viejo blues me hizo recordar momentos de mi vida, mi primer amor, pero aquí estoy, tan sola en la vida que mejor me voy. 
No sé por qué imagine que estábamos unidos, y me sentí mejor, pero aquí estoy tan sola en la vida que mejor me voy 
Un viejo blues me hizo recordar momentos de mi vida, mi primer amor, pero aquí estoy tan sola en la vida, que mejor me voy, tan sola en la vida, que mejor me voy tan sola en la vida, que mejor me voy...’


- ¿Es una promesa no?
- ¿Qué cosa?
- Amor. ¿Me estás jodiendo?
- No, solo estoy probando si estás atenta.
- Sos un tarado, y te lo vuelvo a preguntar. ¿Es una promesa, no?
- Sí Pau. ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?
- Muchas, entendeme… Soy más chica que vos, y… La verdad es que me da miedo.
- ¿Puedo hacer algo para sacarte todo ese miedo y ese temor?
- ¿Qué cosa?
- Amarte…
- (Suspiré, nerviosa) Pedro….
- Hey, no te pongas nerviosa, no te voy a presionar. Tranquila.
- Es que… Me siento muy chica, pero te amo… Y no sé, eso también me da miedo.
- ¿No serás muy miedosa?
- Muy. Ya lo sé. (Dije comenzando a caminar en el cuarto de él)
- (Se paró y me abrazó por la espalda) Yo te amo a vos, y a nadie más. ¿Eso lo sabes, no? (Sentí que besó mi cuello y yo sonreí)
- Lo siento, de verdad… Pero en Bariloche uno nunca sabe que va a hacer.
-  Nada que no deba, porque tengo novia, y la amo mucho.
- Yo también te amo Pepe. (Giré mi cabeza para poder darle un beso)
- No te hagas más la cabeza, además… Falta para irme. ¿Podemos disfrutar nuestro finde juntos y solos?
- Perdón, pero es que me embrollo.
- Ya está, ya pasó. ¿Vamos a caminar por ahí?
- Dale… ¿Me bancas que voy al baño?
- Tranqui.

Estábamos solos, en la casa quinta de sus viejos… Él tenía 18, estaba cursando el último año escolar, y yo 16, casi 17… Cursando quinto año, o cuarto… O como lo llamen. En fin, un curso menos que él.
Llevábamos más de un año juntos, y verdaderamente lo amaba, y sabía porque lo sentía, que él también a mí, pero el tema de ‘amarnos’ como lo llama él es algo que me inquieta, que inevitablemente me hace sentir presionada… No es que no quiera, pero… Me siento muy chica.

Mi mente quiere hacerlo, para demostrarle que lo amo, y que soy su nena, casi mujer… Porque no quiero que en Bariloche haga cualquiera, sinceramente me da pánico. Pero… ¿Quién escucha a mi corazón?

Caminábamos solos por el campo, el contacto de nuestras manos algo transpiradas me hacía bien, me hacía sentir seguridad. El viento rosaba en nuestras caras, suavemente, volando mi pelo, el sol estaba cayendo, frente a nosotros tan solo el campo, verde. Paz.
Apoyé mi cabeza, de costado, en su hombro, llenándome de su perfume, aquel que me encantaba. Al cual era adictivo. Él soltó mi mano y me abrazó por la cintura. Sonreí.

Frenamos sentándonos debajo de uno de los tantos árboles que había allí, cercanos a una estación de servicio, donde antes él compró unos chocolates.
Hizo que me siente sobre sus piernas y yo lo abracé por el cuello.

- Estás llena de chocolate chanchita.
- (Reí) Bueno che.
-  No te lo dije mal tonta… Amo que te muestres como sos, sin andar cuidando de estar impecable todo el tiempo, porque eso quiere decir que la confianza está.
- Está, firme. (Sonreímos) Era un poco de chocolate nada más igual.
- Ya lo sé, no es nada… Pero no sé, te noto más suelta conmigo que antes.
- Soy muy insegura… Y, el hecho de que seas más grande siempre me incomodó, pero ya pasó. En serio.
- Te amo hermosa.
- Te amo. (Nos sonreímos y nos besamos, me acomodé sobre él y me dispuse a mirar el horizonte)
- Estás muy callada.
- Disfruto del paisaje.
- Te conozco Pau.
- (Suspiré) Dejalo ahí.
- ¿Es por lo que te dije hoy, no? No quiero presionarte, de verdad… Yo te voy a esperar todo lo que sea necesario.
- No es que me sienta presionada por vos… Me siento presionada, pero por mí.
- Mmm… No te entiendo.
- (Me senté frente a él, necesitaba ser completamente sincera y mirarlo a los ojos, a pesar de que la vergüenza me invada) Es que… (Suspiré y abracé mis rodillas, acercándolas a mí… Estaba temblando, y eso se hacía notorio tanto en mi cuerpo como en mi voz) Me siento una tarada, pero no puedo dejar de pensar que te vas a Bariloche… Y me da miedo, pánico, terror, que estés con otra chica, y eso no es porque no confíe en vos, es porque no confío en mí, porque me siento una nena para vos… ¿Entendes? (Dije suspirando y dejé caer una lágrima, la cual corrió por mi mejilla y él secó antes de que muera en la tierra, con un beso)
- Pau…
- No, por favor… Dejame terminar. (Suspiré) Te amo, con toda mi alma, y te juro que eso no lo dudo, como tampoco dude de que vos me amas… Pero, más allá de que sé que sería hermoso que estemos juntos, mi cabeza está en que quiere que eso pase para demostrarte que no soy más una nena, que soy tú mujer, y que quiero ser tuya… Pero para que no hagas nada en Bariloche. Es horrible, y me muero de vergüenza.
- Hey… (Buscó mi mano y la tomó) Todo sonaba hermoso hasta que tocaste el tema de Bariloche… Pau, es solo un viaje, que voy a disfrutar con mis amigos…Te lo prometo. (Me tomó por el mentón y me besó) Y no te presiones, en serio…
- Perdón, ya sé que mi planteo es muy infantil.
- No Pau, no es infantil… Es lógico. No es una pavada, y te juro que te entiendo… Solo tenes que saber que yo te voy a cuidar, y que no va a pasar nada que vos no quieras. Te lo prometo.
- Gracias.
- Veni para acá hermosa… (Dijo abrazándome y haciendo que vuelva a estar sobre sus piernas, y me acomodé sobre él, en su pecho) No llores… (Dijo y me abrazó)
- Te amo Pepe. (Besé su pecho y cerré mis ojos, dejando de lado todas las tensiones, los nervios, la vergüenza… Refugiándome en mi lugar, en sus brazos)
- Te amo mi amor…

Más tarde, me estaba bañando… El agua cayendo sobre mi nuca me tranquilizaba, me serenaba y eso me ayudaba a pensar… Si nos amamos. ¿Por qué no?

Lo ayudé a preparar una cena, sin mucha elaboración, sándwich de milanesa, éramos así. Simples.

Ya era de noche, noche cerrada… Hacía frío, y se avecinaba una feroz tormenta.

- ¿Es necesario que llueva? Me dan terror las tormentas, y más en el medio del campo…
- Estás conmigo, yo te protejo.
- ¿Queres ser mi superhéroe? (Pregunté riendo y él se paró arriba del sillón, mostrando sus puños) Ah, sos un tarado eh. (Dije riendo, a carcajadas, por su pose… Él bajó del sillón saltando y se acercó a mí, para alzarme cual princesa) Muy tarado. (Dije sin poder parar mi risa)
- ¿Muy tarado? Te tiro eh.
- Ni se te ocurra Pedro. (Dije aferrándome a su cuello)
- Cagona.
- Sabes que lo soy. (Reímos y me bajo) Tierra firme. (Reímos y nos acomodamos en el sillón, para ver una película, esta terminó y él estaba demasiado entretenido en mi boca… Y ¿Para qué negarlo? Yo en la de él…) Amor…
- ¿Qué?
- (Lo abracé por el cuello) ¿Vamos a un lugar donde estemos más cómodos? (Y al formular aquella pregunta sentí mis mejillas arder, indisimulable lo coloradas que estaban)
- ¿Estás segura? (Rosó mi nariz con la suya) No quiero que pase nada si te sentís presionada, o incómoda.
- Con vos nunca. De verdad.
- ¿Y con vos?
- Tampoco… (Lo besé) Te amo Pedro, y es lo único que me importa.
- (Sonrió) Yo también te amo, mucho.

Me besó, y así, sin despejar mis labios de los suyos nos levantamos… Para ir al cuarto.
Él no se despegó de mi un solo segundo, y eso me hacía sentir segura… Bueno, si es que la seguridad en aquel momento existía. ¿No? Nunca había sentido a mi corazón latir tan fuerte, ni mi cuerpo tan tenso. Nunca había sentido tanto temor junto…
Yo estaba acostada, boca arriba, con mis ojos cerrados y él besaba mi cuello, y acariciaba mi panza, por debajo de mi remera.

- Estás temblando amor.
- (Reí) Entendeme Pedro.
- (Quedó sobre mí y me besó) Quiero que estés segura.
- Te juro que sí.
- Entonces tranqui amor, quiero que la pasemos bien. Que sea un lindo momento. (Volvió a besarme y yo lo tomé por la nuca, para besarlo)
- Te amo.
- Te amo.

Nos sonreímos y volvimos a besarnos… Y así estuvimos por un largo rato, besándonos… Y sinceramente, estaba un poco más tranquila, hasta que sentí sus manos deslizarse por los costados de mi cuerpo, intentando quitar mi remera, pero respiré hondo y deje que lo haga, estaba entregada a él, a él y a nuestro amor…

Sus manos encajaban perfectas con mi cuerpo… A pesar que el pudor y la vergüenza existían, él nunca dejo de repetirme que era hermosa, lo cual me hacía sentir cómoda, segura.
Él me hacía sentir así, estando tan pendiente de mí, de que yo me sienta bien. Todo el tiempo.

- (Me abrazó contra su pecho desnudo y yo suspiré) ¿Te sentís bien mi amor?
- Muy. (Él acarició mi espalda de punta a punta, logrando estremecerme. Otra vez. Suspiré y apoyé mi mentón en su pecho, para poder mirarlo) Gracias, de verdad… (Él sonrió y tocó suavemente mi nariz) Te amo, con todo mi alma…
- Fue hermoso mi amor, no tenes nada que agradecer, y yo también te amo. Muchísimo. (Nos sonreímos y me acerqué a darle un beso)

Desde esa noche la lluvia dejo de darme pánico, en cambio… Me daba paz.


------------------

Mini-Novela, la cual contiene 7 capítulos, asique dura una semanita... Están invitadísimos a leerla ;)