Hace
algunos meses que conocí a Pedro, y hace algunos días que quiere venir a casa,
y ese es el problema. Mi casa, si es que a eso se le puede llamar casa. Desde
que mis viejos se fueron todo en mi vida se derrumbó, mi casa, me da vergüenza,
me da vergüenza vivir así, tener una vida tan de mierda. Y me da miedo
mostrarle mi lado más vulnerable, porque él fue lo único lindo que me paso en
este último tiempo, y no quiero perderlo... No podría sin él.
Me llegó un mensaje a mi celular:
‘Pau, nos vemos en la plaza? En media hora’
‘Dale Pepe, nos vemos ahí’
En la plaza… me sorprendiste abrazándome por la espalda. No sé bien que somos,
no somos novios, creo. Pero me haces tan bien Pepe.
Pedro- Hola linda.
Paula- Hola lindo. (Me di vuelta y nos dimos un beso)
Pedro- ¿Cómo estás? Ya te extrañaba…
Paula- (Sonreí) Mejor ahora que te veo. ¿Vos?
Pedro- Todo bien. (Corriste el pelo de mi cara, dejándolo detrás de mí oreja)
Mmm… ¿Vamos en frente a tomar un helado? Yo invito.
Paula- Bueno, dale. (Cruzamos la calle tomados de la mano y nos dirigimos a la
heladería, después de tomar aquel helado caminábamos sin rumbo alguno) Pepe.
¿Te enojas si me voy? Ya es un poco tarde.
Pedro- Te acompaño.
Paula- No hace falta.
Pedro- Dale, así estamos un ratito más juntos.
Paula- De verdad, no.
Pedro- (Suspiraste) ¿Por qué no queres que conozca tu casa Pau? ¿Escondes algo?
(Y me quedé sin respuesta) Confia en mi hermosa. Dale.
Paula- Me da mucha vergüenza Pedro. Y la gente suele alejarse de mí cuando
conoce mi realidad.
Pedro- ¿Qué realidad? ¿De qué me hablas?
Paula- No, de nada. (Dije un poco arrepentida)
Pedro- Paula, confía en mí. Por favor.
Paula- Es que no quiero perderte Pedro. (Dije con lágrimas en los ojos)
Pedro- (Tomaste mi mano) No vas a perderme, te lo prometo. Y además, si conozco
esa realidad tuya de la que hablas, capaz que puedo ayudarte.
Paula- No sé Pedro, me da miedo. (Dije
mirando hacia abajo)
Pedro- Hey Pau. (Hiciste que te mire, tomando mi mentón y me abrazaste por la
cintura) ¿Vos confías en mí? (Yo asentí con mi cabeza) Entonces confía en lo
que te digo, nada provocaría que me pierdas. Nada. (Secaste mis lágrimas) Y que
no te de vergüenza, nada.
Paula- Hay muchas cosas que yo no te conté.
Pedro- Podes contármelas ahora.
Paula- (Suspiré) ¿Podemos sentarnos? Es una historia larga.
Pedro- ¿Acá?
Paula- Donde quieras…
Pedro- Veni. (Nos sentamos contra la pared de una casa y yo no sabía cómo
empezar) Confía en mí. (Tomaste mi mano, entrelazando mis dedos con los tuyos)
Paula- (Tome aire para comenzar) Hace un poco más de un año que mis viejos…
fallecieron, en un accidente en la ruta, ellos eran la única familia que tenía.
La casa en la que vivíamos pasó a manos del estado, porque yo en ese entonces
era menor y a mí me pretendían mandar a un orfanato, esa noche agarré un bolso,
lo llené, con algo de ropa, todo lo que tenía de mis viejos, la compu, lo que
encontré de plata, las cosas de la facultad y me escapé. Tenía poco y nada de
plata, el único lugar en el que pude quedarme fue en una pensión, donde estoy
ahora, es un lugar horrible, vivo en una habitación muy chiquita, y salgo a
vender en trenes y subtes, antes de ir a la facultad. (Dije llorando, y vos no
dijiste nada, solo me abrazaste, yo escondía mi cara en tu pecho, moría de
vergüenza)
Pedro- ¿Por qué nunca me contaste nada?
Paula- Porque me da mucha vergüenza, y más al conocer tú casa. (Él vivía en un
departamento hermoso, regalo de sus padres al cumplir sus 18 años)
Pedro- (Me abrazaste aún más fuerte) No tenes que tener vergüenza Pau. (Besaste
mi frente) De verdad, a mí no me importa lo que tenes o lo que no tenes. A mí
me importas vos.
Paula- Gracias. (Me separé un poco de vos y te bese)
Pedro- No tenes nada que agradecer.
Paula- (Yo volví a besarte) De verdad, gracias. (Nos sonreímos)
Pedro- ¿Podemos ir ahora que ya sé todo?
Paula- Mmm… bueno.
Pedro- (Te levantaste y me diste la mano para que yo también lo haga y
comenzamos a caminar abrazados) No quiero que te sientas mal, ni que tengas vergüenza.
Paula- Es difícil. (Hice una pausa) Veni, es ahí. (Te tomé de la mano y
entramos en la pensión, para luego entrar en la habitación la cual era súper
chiquita, y no tenía ni siquiera una cama, solo un colchón viejo en el piso. No
podía sostenerte la mirada, me largué a llorar y te abracé) ¿Entendes que vivo
acá Pedro?
Pedro- (Me abrazaste y acariciaste mi espalda) No llores hermosa. (Besaste mi
mejilla y yo lloraba cada vez más) Hey, tranquila.
Paula- No lo soporto más.
Pedro- Tengo algo que proponerte, capaz que es un poco apresurado y debería
proponerte otra cosa antes, pero no importa. (Me separaste un poco de vos) ¿Vos
queres venir a vivir conmigo?
Paula- ¿Vos me estás hablando en serio?
Pedro- Muy en serio. Yo sé que no tenemos un título, pero yo estoy muy seguro
de que no nos vamos a separar, por mucho tiempo. Igual, si no queres, no me voy
a enojar. Te puedo ayudar con plata, o buscando otro lugar.
Paula- Te amo Pedro. (Dije chocando mi frente con la tuya)
Pedro- (Me sonreíste) Te amo hermosa. (Y nos besamos)
Era la primera vez que nos decíamos aquella frase, aquella que resumía lo que
sentíamos el uno por el otro. Era amor, amor puro lo que nos unía, desde la
primera vez que cruzamos miradas que lo pude sentir, cada vez que nos besamos,
cada vez que lo tengo cerca.
Desde que mis viejos no están, él fue el único capaz de hacerme sonreír de
nuevo, hizo mucho, muchísimo por mí, y por eso acepté su propuesta. Nos fuimos
a vivir juntos, a su departamento. Necesitaba devolverle lo mucho que me da, y
por eso elegí pasar todos los días de mi vida a su lado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario